La cabaña del bosque, por Luis G. Álvarez | MÁS LITERATURA

20 de septiembre del 2014


Por más de dos meses, mis amigos me estuvieron insistiendo que los acompañara a Mexiquillo. No habíamos salido en más de un año y estaban ansiosos de pasar tiempo conmigo, sin embargo, mis actividades no me dejaban alejarme de la ciudad por todo un fin de semana. Mi condición fue que la exploración la realizáramos en un solo día.

Ellos accedieron y acordamos la fecha en la que les estoy narrando este relato. Una noche antes de partir, comencé a guardar todo lo necesario en mi mochila. Lleve mi cámara para tener recuerdos y no me volvieran a molestar con la excusa de que jamás salgo con ellos. Sin embargo, la ansiedad estaba apoderada de mí, presentía que algo malo iba a pasar, mi instinto jamás fallaba, aun así, lo ignoré, decidí que nada malo pasaría, que regresaríamos ese mismo día y sólo quedaría como una anécdota más.


Salimos por la mañana de ese sábado y todo marchaba muy bien, disfrutamos de la naturaleza, del río, las cascadas. Le comencé a tomar fotografías a todo lo que se presentaba a mi paso, fue tanto que olvidé la idea de que no quería venir, me sentí mal por haber desaprovechado esa oportunidad que tanto tiempo atrás había negado.

Juan Marco y Eloid comenzaban a desesperarse, se veían impacientes por irse, en cambio yo estaba tan distraído y emocionado que comencé a ignorar sus comentarios de abandonar el lugar. Caminando, me dijeron que irían a dar una vuelta más antes de marcharnos, que les prestara mi cámara, yo usaría una compacta que habían llevado, para que no me estuvieran molestando, se las entregué. Me quedé en la parte baja de la cascada y ellos estarían en la parte de arriba. Estaba oscureciendo, decidí caminar hasta el carro para esperarlos en un lugar seguro, antes que fuera de noche. Sin embargo, oscureció rápido y me empecé a asustar, así que corrí, corrí tan fuerte con dirección al carro, pero no lo encontré. Se hizo de noche y no podía ver con mucha claridad, sólo me alumbraba con la linterna del celular, gritándole a mis amigos, pero jamás me contestaron.


Dentro en mi desesperanza llegué hasta lo que pensé al inicio, era una cabaña de guardabosques, pero está se encontraba abandonada, parecía que alguien había salido huyendo dejando todo atrás. No tenía más remedio y supuse que lo mejor sería pasar ahí la noche. Busqué los interruptores de luz, pero no encontré nada, ni veladoras o linternas. Di una exploración del lugar con la linterna del teléfono. Alcancé a ver destellos de luz en las paredes, cuando me acerqué descubrí que eran cuadros, aldeanos enfurecidos con hachas, picos y antorchas. Acepté el miedo en mi primera reacción, pero no podía hacer más de lo que estaba haciendo. Encontré un sillón viejo, me acomodé ahí para tratar de dormir y continuar en la mañana.


Después de varias horas, una luz me estaba calando en los ojos, miré alrededor para saber si habría alguien más y no, estaba solo el lugar, tal como lo recordé una noche antes, sin embargo, ese sentido que tuve antes de salir de mi casa el día anterior, me comenzó a invadir en el cuerpo una vez más. Traté de calmarme, pero la desesperación me estaba carcomiendo, a pasos cortos volví recorrer el lugar para darme cuenta que todo estaba en perfecto estado, me sentí aliviado por un momento.


En seguida, me percaté que había demasiada luz, a pesar de que la noche anterior no vi ninguna ventana, al parecer los cuadros, eran eso que no encontraba, una ventana. Los aldeanos ya no estaban observándome, tomé mis cosas y comencé a correr, no me detuve para abrir la puerta, sino que la empuje con mi cuerpo, sentí como lanzaba algo que estaba del otro lado a punto de entrar, pero mi miedo no me permitía voltear, corrí por el bosque hasta que me cansé para descubrir que me encontraba perdido. No quería dejar de correr porque temía por vida, con las pocas fuerzas continúe haciéndolo hasta que choque contra una persona, era mi amigo Eloid que estaba riéndose, me encontró muy agitado, pregunto qué porqué corría; había estado buscándome desde hace una hora. Eso me perturbo todavía más, porque no los veía desde ayer, lanzaron más carcajadas, pensaban que era una broma, en ese momento Juan Marco me pidió mi cámara a cambio de la suya para tomar fotos desde arriba de la cascada. Le dije que un día antes se la había entregado, hizo una cara de incrédulo y me señaló la cámara que traía colgada a mi cintura.

Estaba aterrorizado, les comenté lo sucedido y su rostro cambio a preocupación, les pedí que regresáramos al carro, accediendo por mi postura. Caminamos hasta que la volví a ver, era la cabaña en la que estuve la noche anterior. Me dijeron que querían entrar, tenían que descubrir lo que yo había visto. Cuando nos acercamos a la puerta para abrirla, algo nos empujó con tanta fuerza que caímos los tres al piso, me incorporé rápido para saber que nos había lanzado y no podía creer lo que estaba viendo, era yo mismo, estaba corriendo, les hablé a mis amigos para que vieran mi otro yo, pero no estaban a mi lado. Lancé otro grito fuerte, me levante, corrí hasta el carro que para mi sorpresa no tarde más de dos minutos en ubicarlo. El auto es mío, así que me subí, lo puse en marcha, no me importó dejar a mis amigos atrás. No entendía lo que estaba pasando, me encontraba asustado, creía que todo era un sueño. Conduje rápido para llegar a mi casa. Cuando entre todo estaba en su lugar, la mochila que me había llevado reposaba sobre la mesa, la cámara, mi botella de agua e incluso las mismas llaves del auto, pero yo no las habías dejado ahí. Escuché que tocaron el timbre. Con miedo abrí la puerta para descubrir que era Eloid y Juan Marco, me preguntaron si estaba listo para irnos de excursión, pero les comenté que una urgencia de trabajo me lo impedía, algo de último momento.


Se marcharon molestos de la casa reclamándome que siempre les decía lo mismo. Cerré la puerta y recargado sobre la misma, me dejé caer al piso, confundido, no podía dar explicación a lo que acababa de suceder. No había lógica en las cosas y me cuestioné si esta historia se repitió muchas veces, por esa razón de forma inconsciente, les estuve dando excusas a mis amigos para no acompañarlos. Mi yo de otra línea temporal sabía lo que ocurría, decía que no a través del pensamiento, tuvo esa sensación cuando creyó que algo malo iba a pasar, por lo tanto, desistía en ir; de alguna manera nos conectamos con nuestro mismo ser de otra línea del tiempo que nos advierte del peligro y nos hace reaccionar, esos malditos deja-vu, que ahora en mi vida había formado un bucle en el tiempo.


Escuché que un carro se estacionaba enfrente, me asomé por la ventana y me vi una tercera vez, mi otro yo bajó del carro corriendo para entrar a la casa, busqué dónde esconderme, dejé mi mochila, las llaves, la botella de agua sobre la mesa y me escondí en el cuarto. Escuche la misma conversación que tuve unos minutos antes. Sentía que mi cabeza explotaba, cuando comencé a sentir el cuerpo demasiado frío, un dolor en el estómago insoportable, mi sangre goteaba en el piso, volteé rápido hacía atrás, era un cuarto yo que me había asesinado. Caí al piso, y vi como acercaba su cara contra la mía, tirado, me dijo: cuando sientas que algo malo va a ocurrir, hazle caso, fin del bucle. Logré ver como salía de la habitación asesinando a mi tercer yo. Observe el techo para que mis ojos se fueran cerrando mientras el dolor desaparecía.


En un instante los volví a abrir y la luz del sol entraba a mi cuarto, estaba acostado en mi cama, pensaba que todo fue un sueño, tomé mi celular y Juan Marco me había mandado un mensaje que decía: estamos pronto en tu casa. Sorprendido una vez más, prendí el televisor, en el noticiero estaban dando la hora y la fecha: 9:37 a.m. de 20 de septiembre del año en curso. 2014.

Luis G. Álvarez

Nacido en H. Matamoros, Tamps. en 1991. Lic. Ciencias y Técnicas de la Comunicación, egresado de la Universidad José Vasconcelos del estado de Durango, México. Participante en el taller Alquimia de Palabras y miembro activo del grupo Ateneo Literario. Desde joven se interesó por la literatura en el género ficción social. Entre sus actividades más destacadas ha fungido como asesor, capacitador, locutor, entre otras. Actualmente trabaja en su primera novela

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