Poesía chilena de Francisco Valenzuela Saravia | MÁS LITERATURA

EL AMANECER DE LOS CORAZONES NEGROS

Por: Francisco Valenzuela Saravia

a lo Hemingway

de un escopetazo en la frente daré fin a mi (no) vida

esto de cortarme las venas -a la romana- en medio del bosque

toma demasiadas horas      demasiado tiempo

disculpen por toda la sangre chicos

con esto inauguro las malaventuras que darán nombre al Black Metal

disculpen que me vuele los sesos (igual de) descerebrados amigos míos

pero mi fatalidad comenzó mucho antes de MayheM

aquel décimo invierno en que un accidente de patines

me transportó al Helheim allí donde aguardan las raíces de Yggdrasil

y los témpanos de Hela: atmósfera que acabó con el pequeño Per Yngve Ohlin

Dead me rebautizaron los espectros del rock los mismos que de grande entre pesadillas

-síndrome de apnea-hipopnea le llamaron los doctores-

dictaron teñirme de blanco y negro y representar un putrefacto cadáver

los mismos que mandaron enterrar mi ropa por semanas antes de cada show

con el fin de celebrar el hedor de la muerte

misma fetidez que expelía mi vasta colección

de ardillas                y pájaros              y gatos podridos

                 víctimas de mi calmo latir

mi leyenda quedará por siempre atada a las iglesias ardientes de los noventa

piromaníacos sacrilegios efectuados en pleno auge del paganismo escandinavo

por siempre seré la cara (destrozada) de aquel satánico imaginario

pero ni la fama consuela            ya nada es divertido

no aguanto la curiosidad

               uno debe morir para encontrar la paz interna

HTTPS://SOUNDCLOUD COM/SAINT-OF-HOPE/ATHENAS-DEATH

Por: Francisco Valenzuela Saravia

Seiji Yokoyama       Kazuko Kawashima

intérpretes de la melancolía

cronistas de la tradición occidental

                   -evocar lo clásico o antiguo-

su lamento moderno da nuevos bríos

a una sensibilidad en proceso de expiración

                     milagro estético        accidente

que bien puede ser fenómeno

de estudio para extraterrestres

formas ulteriores que al recabar entre cascajos

concluyan que Japón no era solo una espada

o caballo de mar partid@ en islas

sino también el más patético de los pueblos

un herido artista de postguerra

que a partir de dos godzillas atómicos

recreó una cultura original

esto a pesar de tener que asimilar

los modos bárbaros de los forasteros

costumbres que los nipones lograron sortear por décadas

al menos hasta la llegada de los barcos negros

Fotografía: Cristobal Florín

Francisco Valenzuela Saravia. Periodista y Licenciado en Comunicación. En 2015 publica su primer poemario: “Los Colores de la Tribu”. En 2017 gana el Premio “Poesía Divergente” de la Editorial Casa Litterae. Es publicado, además, en variadas antologías a nivel nacional. Actualmente es bibliotecario en la Universidad Andrés Bello, Sede Concepción, Chile. Además realiza talleres literarios y sirve de gestor cultural en su ciudad.

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