MUTADOS | MÁS LITERATURA

Por: José Antonio Samamé Saavedra

— Los escenarios han ido cambiando de forma radical, desconozco cuanto más tiempo permanezcamos aquí, escondiéndonos en este viejo granero, o moriremos producto de la ingesta de alimentos procedentes de la industrialización con intervención de agroquímicos tóxicos vertidos en los campos, o perecemos tragados por los experimentos de las empresas, que prueban nuevos fármacos de inmunidad. No queda otra alternativa que seguir escabulléndonos de las prácticas diabólicas del sistema económico, ¡no hay escapatoria! — mencionaba el pusilánime y humilde campesino.

— Al menos sabemos cómo escapar de ellos, la situación de los citadinos es más complicada porque los otros nos buscarán con pretensiones adversas, debemos resistir hasta el final, quizás el mal propagado por el aire para matarnos sistemáticamente, aún no nos alcanza, pero quizás sea cuestión de tiempo, convertirnos en las aberraciones, o quizás hemos encontrado una cura relativamente prematura, hecho que prescinde de explicaciones porque aún seguimos normales, siendo humanos, ¡no conocemos con certeza cuánto tiempo más! — dijo Micaela.

— Los terribles problemas empezaron a sentirse en casa, después de las extrañas fumigaciones de los sofisticados aviones que sobrevolaban los campos de cultivo periódicamente, dejando huellas en el cielo, períodos antes de la cosechada. Después la gente del pueblo y la ciudad comenzó a enfermarse en circunstancias muy raras — explicaba Micaela.

— En mi pueblo la situación fue diferente compañera, avisé a mi familia de la presencia de drones, que aparecían de la nada, siendo dirigidos por alguien o algo, y rociaban una sustancia blanquecina por los aires, contaminando los campos de cultivo — dijo Simón

— La contaminación destruyó todo a su paso, devastó nuestro pasado y futuro, con notable repercusión en nuestra vida.  Ni que hablar de los productos sintéticos que se fabricaron sin control, los países industrializados generaron más ganancias a costa de engaños. ¡No sé, cuánto tiempo más resistiremos confundir a la caterva de aberraciones! — expresó Micaela, incorporándose con asombro del lecho de muerte, donde se escondía.

— Una vez me levanté temprano, para ir con mi madre a la ciudad, la busqué fuera de la casa, y no la hallé. Cuando ingresé al dormitorio, no podía creer que veía, mi padre se había convertido en una feroz fiera hambrienta, fue entonces que hallé los restos cadavéricos de mi mamá regados sobre la cama, donde escurría sangre. Llamé al médico, para curar la enfermedad de mi padre, pero nada se logró por restablecer su estado, las horas siguientes fueron más aterradoras con mis hermanos, quienes manifestaban los primeros brotes decadentes, las típicas venas oscuras, manchas púrpuras y protuberancias que reflejaban la apariencia de una edad muy avanzada, pero habían desarrollado facultades extrasensoriales y una fuerza brutal, haciéndolos repugnantes a la creación natural, así fue como proliferó la enfermedad — dijo Simón.

— En mi caso, pasó con el malestar que sintió mi hermano, lo encontraron agonizando en el campo, parecía un proceso de epilepsia, un médico naturista lo atendió de inmediato, pero no halló nada extraño en él. Con el transcurrir del tiempo, las aves de corral, ovejas y terneros desaparecían de forma inexplicable y mi hermano parecía estar poseído por una fuerza maligna, que lo hacía actuar por instintos, esta situación preocupó a la familia — mencionó Micaela, en medio de sollozos.

Un día de regreso de la escuela, quedé estupefacta y horrorizada por la escena macabra, mi familia o lo que quedaba de ella, había sido engullida por esa bestia hambrienta y deplorable, causando en mí reacciones inexplicables, desde ese momento mi vida no tiene sentido, tuve que terminar con mis propias manos, con la maldita aberración, que destruyó mi hogar.   

— Traté de buscar respuestas sobre la crisis en el campo, porque aparecían de forma descontrolada más inhumanos a exterminar todo lo que estaba a su alcance, ese momento fue el más difícil de mi vida pues empecé a vivir en las sombras utilizando unos respiradores que yo mismo elaboré, para intentar sobrevivir ante las amenazas de los aberrantes, escondiéndome como un pordiosero dentro de la pestilente basura arrojada a espaldas de un cerro — contó Micaela perturbada.

—¿Los escuchas Simón?, retén la respiración un momento, ¡hazlo!, porque nos sentirán, por los respiradores— mencionó horrorizada Micaela

— Sí, Micaela, si — dijo Simón

De la oscuridad salieron unas bestias monstruosas, ingresaron al recinto, se movilizaron cerca del hoyo donde se escondían, al no encontrarlos, se retiraron furiosas.

— Nos salvamos de milagro, se fueron esos monstruos, Micaela, ¡comamos!, ¡tengo hambre!, fuera del hoyo hay unas suculentas cucarachas y grillos, después regresaremos a la basura a descansar, porque el efecto repulsivo de esta, se irá en poco tiempo de nuestros cuerpos —  aseveró preocupado Simón.

— La resistencia de algunos insectos a los plaguicidas y dieta a base de insectos nos ha hecho inmunes a la pandemia, al parecer somos inmunes al macro virus, aunque las plagas producidas han afectado la producción de los campos. La biblia se ha referido de este castigo y destrucción hace millones de años — expresó Micaela.

— Es imposible, alimentarse de animales silvestres, es más no existen, la intervención nefasta del hombre en la naturaleza conllevó a una fase oscura de extinción de los seres vivos, aumentando progresivamente, después de la contaminación de los campos fumigados, también fueron contaminados el aire y agua — explicó preocupada Micaela.

— Los alimentos del campo y los fabricados por la industria, provocaron el agente patógeno, que originaron el mal. Los cuerpos reaccionaron de forma adversa, generaron resistencia y mutaron a un nuevo ser abominable. Los científicos adulteraron al libre albedrío los alimentos, haciéndolos más sintéticos y mortales para la salud pública — exclamó Simón.

— ¡Silencio! ¡silencio! Micaela, son ellos, otra vez, escóndete en el oscuro hoyo — avisó Simón

—¡No! Dios mío otra vez, ¡ayúdanos! — contestó Micaela

— Este lugar está en cuarentena, destrúyanlo ¡ahora!, no más infecciones, exterminen a las malditas criaturas, que se esconden aquí, el macro virus, no puede esparcirse más, esos monstruos representan un enorme costo para la industria, la situación no ha funcionado como se creía — mencionó un hostil representante de la industria corregidora de la pandemia, al ingresar al viejo granero.

BIOGRAFÍA

José Antonio Samamé Saavedra (Lambayeque, Perú 1983). Magíster, economista, escritor, investigador, conferencista y ambientalista. Este año obtuvo el 2° puesto en ensayo literario en el concurso internacional “La chalina roja”. Fue director de la revista Magazine Económico. Publicó los libros Los viajes de Pierre y Sobrenatural. Ha participado en antologías y revistas a nivel nacional e internacional. Ganó los premios: Aliados por la Educación, Premio Nacional de la Cultura del Agua y Premio Nacional Ambiental “Antonio Brack Egg. Fue condecorado con los Laureles Educativos 2018 y 2019.

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