LA DEUDA DE PAPÁ | MÁS LITERATURA

Por: Emanuel Papagni

Ese domingo lluvioso, un trueno me despertó temprano y, tres segundos más tarde, escuché un grito desgarrador. Papá había caído al piso luego de una descarga eléctrica tremenda dentro del terreno de casa.
Salté de la cama, me vestí con lo que encontré. Abrí la puerta dificultosamente por la fuerza del viento y a lo lejos entre la cortina de lluvia vi a alguien acostado en el piso y vestido con un piloto amarillo.


Ambulancia con retraso. Llanto. Abrazos. Criminalística. Forense. Coche fúnebre. Cementerio.


El tiempo transcurrió lento, con dolor y nostalgia. Pero con ganas de reinventarnos.


Hoy, después de todo eso, es el cumpleaños de mamá. Hace ya un tiempo ha bajado mucho de peso y ya lleva adoptados dos gatitos con los que duerme en su cama.


Invitamos a toda la familia al festejo. Armamos un mesón grande en el living. Preparamos algunas cervezas, torta, masa de pizzas ya listas para hornear.
Tocan el timbre. Comienzan a llegar. Abro la puerta y empiezan entran tías, tíos, primas y primos. La tarde ya es noche de festejo. Las tías se turnan con mi vieja y van sacando las pizzas del horno. Al mismo tiempo van vaciándose y llenándose los vasos entre viejas anécdotas de familia que pareciera que cada vez que se cuentan causan la misma gracia.

Mi tía trae otra pizza y cuando deja la bandeja en la mesa le pregunto por mamá. No sabe. Nadie sabe. Quizás está en el baño me dice alguien del montón. Me levanto a buscarla. La puerta del baño está abierta y la luz apagada. Camino a su habitación. Nadie. En la otra tampoco. Salgo al patio. La veo sentada en un banco en la oscuridad abajo del olivo.

Mientras camino hacia ella escucho gritos que provienen de los vecinos. “Las mujeres no pueden salir solas” “No vas a ningún lado vos” “No te hagas la viva porque te voy a desaparecer del mapa”.


Llego adonde está mi vieja y le chisto con un silbido para que me preste atención

-Shhhhh, estoy escuchando.
-Ah, si, le digo en voz baja. Ese tipo está loco. La quiere fajar. Seguro ya le ha pegado.
-Me vine acá para alejarme del ruido porque acá se escucha mejor cuando habla.
-¿El vecino?
-No, tu papá. Yo sé que es él aunque su voz no sean más que mensajes mentales.


Me quedo mudo. Vuelvo a la casa y me siento frente al tele entre la gente. Me ofrecen pizza pero ya no tengo hambre. Esto se está complicando, pienso.
Mamá entra después contenta.

-¿Qué pasó con la fugazetta? La estoy esperando.


Día Martes. Empezaron los problemas. Regreso de la facultad y me entero. Notificaron que existe denuncia por embargo de bienes materiales debido a una deuda heredada de papá.
Mi mamá nos cuenta todo. Mi viejo había sido nombrado presidente de una empresa constructora que nunca existió y solo contrajo deudas. Tuvo amigos que no eran amigos y le mintieron.
No lo podíamos creer. Entonces vinieron gastos en abogados que solo dilataban el problema. Preocupaciones, nervios. No teníamos ese dinero.

Miércoles de otra semana de verano. Me levanto y alguien había colocado un recipiente con agua y un plato con alimento para gatos arriba de la casita del perro. Le pregunto a mamá para qué lo coloca ahí si sus dos gatos viven dentro.

-Es para el Mochi
-Pero si ese gato hace cinco meses que no viene, mamá. Ya no va a volver.
-Me dijeron que sí.
-Y vos ¿cómo sabes?
-Alguien me lo dijo
-Otra vez con eso. Papá se fue. Tenés que aceptarlo.
-No me importa lo que pienses.


Suena el teléfono. Atiende mi hermano. Se pone nervioso mientras habla. Corta con enojo.
-Nos vienen a embargar cosas hoy.


Así fue. Cuando se hicieron las 18 golpearon. Se llevaron el televisor, la computadora con la que chatea mi vieja y un equipo de DVD como parte del pago. Mi vieja y mi hermano lloraban. Y tenían razón. Por eso no intenté consolarlos. Porque todo esto es una mierda.


Esa semana mi vieja tuvo un episodio de arritmia producto de todas las situaciones de estrés. La acompañamos a la psiquiatra y le recetó clonazepán. Y además reposo. “Alejada de cualquier situación de estrés” dijo la doctora.


El fin de semana estuve estudiando mucho para un examen de literatura inglesa.

Sábado. Más o menos como las 3 de la madrugada ya llevaba como 4 tazas de café y empiezo a sentir sueño otra vez. Se escucha mi vieja que ronca. Las pastillas le hacen bien. Me consuela el hecho de escuchar que está tranquila.

Vuelvo a cabecear mientras leo y entonces decido ir a lavarme la cara al baño para despabilarme. Me paro y voy. Abro la canilla, cierro los ojos, me agacho y me lleno de agua fresca la cara varias veces. También me mojo la nuca.

Cuando abro los ojos no hay baño. Solo algo de viento y bastante oscuridad. Estoy en la intemperie. Veo un árbol de olivo. Y detrás de este está mi casa. Es el mismo lugar en que hablé con mamá hace unos días.
¿Qué hago acá? Los perros me ladran un poco a lo lejos. Después se vuelven a acostar. Camino un poco desde el patio hasta mi casa e intento abrir la puerta pero está cerrada con llave. Me acerco a la ventana y miro en busca de alguien para que me abra.

Veo las tazas de café sobre la mesa, las hojas, tres libros abiertos y alguien durmiendo encima. Soy yo. Tengo los brazos sobre la mesa y estoy roncando con la cabeza escondida entre el brazo derecho.

Me alejo de la ventana sorprendido. Escucho un ruido entre los árboles del patio.
Me acerco y un niño sale de ahí. Tendrá unos 5 años. Pantalón blanco cortito y zapatos marrones.
Me mira y sale corriendo. Lo sigo. Los dos atravesamos la pared y entramos en la casa de los vecinos.

Ahora estoy en la cocina. La madre lava los platos. El niño está jugando con autitos a su lado en silencio. El reloj marca las 12.30.pm.
La mujer, pelo enrulado y tez morena se da vuelta porque escucha el ruido de la puerta de calle.
El padre ha llegado y entra a la cocina. Yo sigo siendo un espectador invisible. El hombre ignora al niño que lo mira pasar. Saluda a su mujer con un beso, esta hace un gesto de asco por el olor a alcohol que trae y el hombre le pide que “se quede calladita para que no hayan problemas”.

Me despierto en la mesa. Todo mi brazo está babeado. Un asco. Mi vieja continúa roncando. Son como las 5 am.


Al otro día de ese sueño regreso de la facultad al mediodía. Me alegra el aroma a pastel de papas que cocina mi vieja. Vamos a festejar el aprobado en la materia. Es genial que recupere las ganas de cocinar. Y es genial poder darle motivos para celebrar.

Me siento a comer, le cuento todo mi sueño. Escucha todo con atención y luego me responde.

-Eso no es un sueño. Has tenido una proyección astral.
-Y ¿eso qué es?
-Nuestro espíritu vaga por otra dimensión mientras el cuerpo duerme. Todas las noches. Muy pocas veces recordamos qué hacemos.
-Y ¿el niño?
-Es el hijo de los vecinos. El también ha estado durmiendo. Y te has encontrado con su espíritu en la quinta dimensión. Parece como que quería mostrarte algo.

No quiero contradecirla. Para mí fue solamente un sueño y quería compartirlo con ella.

Me quedo viendo tele después de cenar. Luego me voy a dormir. Roncaba en su habitación. Del lado derecho de la cama donde dormía papá había un álbum de fotos familiar. A mi vieja últimamente le gusta dormirse mirando fotos.


Última noche. Estoy leyendo. Cerca de las 21 voy a comprar pan para la cena y veo salir de la panadería a una mujer morena de pelo enrulado. Es ella, pienso. Al lado de ella camina el niño y al encontrarnos de frente este me mira a los ojos.
Me quedo recordando el sueño y comparando. ¿Es posible que los haya soñado sin conocerlos? Entonces ¿no fue un sueño?

Vuelvo a casa con el pan. Cuando voy entrando llega su esposo en un Focus muy lujoso. Entro a cenar. Quiero contarle a mi vieja pero prefiero reservarme lo sucedido.

Mi vieja se va a dormir a las 23.


Abro La muerte de un viajante. Decido leer una hora antes de ir a dormir.
Escucho gritos de los vecinos. Pero ahora son cada vez más alarmantes.
El volumen y la vehemencia de las voces me obligan a salir al patio y acercarme por la medianera.
No sé qué hacer. Quiero creer que es una pelea más. No es una buena idea meterme en esto pero escucho que ella le pide que la desate. Entonces recuerdo al niño. Y me da terror que esté en esa casa.

Voy hasta mi habitación y busco el bate de béisbol. Al salir abro un cajón, saco un cuchillo y lo escondo en la cintura.
Mientras vuelvo a la medianera tomo el celular y doy aviso anónimo a la policía.

Ella sigue gritando pero ahora le pide por favor que no lo haga. Recuerdo la cara del niño cuando nos vimos en la calle.

Trepo la pared y entro al patio de los vecinos. Me acerco y toco el picaporte. La puerta está cerrada. El niño me ve desde adentro de la casa por la ventana. Viene corriendo. Escucho que quita el pestillo y me abre la puerta. Estoy muy nervioso pero muy enojado.

Veo un largo pasillo y un quejido que parece venir del final. Hablo y pregunto si está todo bien en la casa, que somos unos vecinos que se acercaron por los violentos gritos.
Nadie responde. La mujer está callada.


Sale él de una habitación, la cierra con llave y me pide que me vaya. Que todo está bajo control.

-Sé que la tenés atada. La escuché. Quiero que la desates. La policía está en camino
-Está bien. Ahora voy a desatarla, dice.


El tipo desaparece en otra habitación que no es por la que salió. En la calle se escucha la explosión de un vidrio y comienza a sonar la alarma.
El esposo sale corriendo a la calle a ver su auto mientras maldice.
Entonces me apuro y le cierro la puerta de calle con llave.

Mientras mira la ventana rota del Focus empieza a maldecirme y se acerca. No puede entrar a la casa y comienza a patear la puerta para que lo deje entrar. Yo decido irme justo cuando aparece un móvil de la policía y lo ve en esa situación violenta.


Mientras tanto el niño me llama desde la puerta del patio. Corro hasta él. Le digo que todo ya está bien, la policía llegó.

Me da en la mano el control de la alarma del auto que parece que parece habérsela sacado a la llave. Me voy por la medianera.


Más tarde esa misma noche me costaba mucho dormir. Ya era la madrugada. Se habían llevado al tipo a la comisaría y a la madre a un hospital.

Entonces recuerdo la llave que me dio el nene. Me levanto de la cama, me visto y salgo corriendo a la medianera. Se me viene a la cabeza la cara del niño. Lo deben haber dejado con algún tutor o instituto de menores como se hace en estos casos.


Entro al patio y veo el Focus estacionado en el garaje con el vidrio roto del lado del conductor.

Me acerco. Miro el control de la alarma. No tiene la llave. Toco el botón de la alarma y se desactiva. Toco el otro botón y se abre el baúl.
Abro. Una maleta. Abro el cierre y miro adentro con la linterna del celular.
Muchos dólares en forma de ladrillitos uno sobre el otro.
Tomo esa maleta y me voy a casa.


Entro desesperado. Guardo la maleta en el placard de mi habitación.


Me despierto con las noticias de la mañana.

“Encontraron el paradero de un narco peligroso buscado por la policía”. “Cuando lo arrestaron estaba armado. Hacía meses buscaban su paradero por una balacera que protagonizó con su banda y donde murieron inocentes”.
“Su esposa está hospitalizada”.


La llamo a mi vieja que miraba fotos del álbum y le hago ver el telenoticiero. Pero no le cuento nada de lo que pasó. No quiero estresarla más. No lo podía creer.



Vuelve a su habitación. Voy. Quiero decirle que ya tengo la plata para pagar las deudas y sospecho que mucho más que eso. Pero está concentrada viendo fotos. Desisto de la idea. Ya veré cómo se lo digo.

Me quedo al lado de ella viendo las fotos. Pienso que por primera vez puedo verlo a papá y ya no me produce angustia. Decido festejar el pasado.

Papá jugando al handball, papá jugando al fútbol, papá con un palo de hockey muy jovencito. ¡Es igual a mí!

-Y de niño también lo era. Mira esta foto.

Me muestra una fotografía pero no le presto atención. Porque al lado de esa hay una de un niño con pantaloncito blanco y zapatos marrones y es exactamente el mismo niño que vivía en los vecinos.


Ese día miré todo el día las noticias.

Los vecinos vivieron solos. No tenían hijos.


Al otro día mientras leía de noche escuché un ruido en la ventana. Algo quería entrar. Me paro y quito la traba.


Era el Mochi, mi gato. Volvió.



Nota: Los invito a leer mis cuentos en mi Fan page de Facebook “El Escritor Fantasma”.

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