JIM MORRISON: 4 POEMAS LEGENDARIOS | MÁS LITERATURA

Jim Morrison, legendario líder de la banda The Doors, no sólo se dedicó a componer grandes obras musicales, como “Light my fire”, “People are strange”, “L.A. Woman”, sino también dedicó gran parte de su tiempo a escribir poemas.

Los temas que se encuentran en su poesía, son sobre la época de los 60`s. Sin embargo, su estilo transgrede generaciones, porque su literatura sigue vigente en pleno siglo XXI, esto se debe a que habla sobre rebeldía, amor, drogas, sueños y viajes psicodélicos.

Esta otra faceta artística de Morrison ha cambiado la manera de apreciar las canciones de The Doors, porque pocos sabían que el cantante de esta mítica banda improvisaba en sus canciones con poemas mientras tocaban en vivo.

En esta ocasión, compartimos los cuatro poemas legendarios de Jim Morrison, disfrútenlos:

Hora de Magia

Burla permanente,
danos una hora para la magia.
Nosotros los del guante púrpura.
Nosotros los del estornino vuelo
y hora aterciopelada.
Nosotros los de la raza del placer árabe.
Nosotros los de la cúpula solar y la noche.
Danos un credo
en el que creer.
Una noche de lujuría
Danos confianza en
la noche.
Danos color,
cientos de matices
una rica mandela,
para mí y para ti
y para tu sedosa
casa de sauces.

 

Una cabeza, sabiduría
y una cama
problemático decreto.
Burla permanente
te he reclamado.
Solíamos creer
en los antiguos buenos días.
Todavia recibimos
de pequeñas formas
las Cosas de Bondad.
Una frente antideportiva.
Olvida y permite.

 

Poder

Puedo hacer que la tierra se pare
en seco. Hice
desaparecer los coches azules.

Me puedo hacer invisible o pequeño.
Puedo convertirme en gigante y alcanzar las
cosas más lejanas. Puedo cambiar
el curso de la naturaleza.
Puedo situarme en cualquier lugar
del espacio o el tiempo.
Puedo invocar a los muertos.
Puedo percibir sucesos de otros mundos,
en lo más profundo de mi mente
y en la mente de los demás.

Yo puedo.

Yo soy.

 

Despertar del recién nacido

Gentilmente se agitan, gentilmente ascienden.
Los muertos son recién nacidos despertándose.
Con desoladoras amputaciones y almas húmedas.
Gentilmente suspiran en el extasiado funeral de asombro

¿Quién llamo a esa muerte al baile? ¿Fue la joven mujer aprendiendo a tocar la canción del fantasma en su pequeño piano?
¿Fueron los desérticos niños? ¿Fue el mismo fantasma de Dios, tartamudo, animado, charlando ciegamente?

Te he llamado para embalsamar la tierra.
Te he llamado para anunciar la tristeza cayendo como carne quemada.
Te he llamado para desearte el bien. Para glorificarte como un nuevo monstruo.
Y ahora te llamo para rezar.

 

El miedo

Eterna conciencia

en el Vacío

 (hace que juicio y cárcel parezcan casi amigables)

 un Beso en la Tormenta

 (Hombre loco al volante

 arma de fuego en el cuello

 espacio muy poblado y que se arquea fríamente).

 

 Un granero

 una cabaña con buhardilla

 

 Tu propia cara

 Estacionaria

 en la ventana espejada

 

 con miedo al trágico

 neón frío

 de las sala de estar

 

 Estoy congelando

 animales hasta morir

 alas blancas de conejos

 

 gris terciopelo de ciervo

 

 El Cañón

 

el auto, un artificio

 en el ESPACIO

 miserable

 

 Repentinos movimientos

 

 y tu pasado

para calentarte

 en noches

 Sin Espíritu

 

 La Solitaria Autopista

 Frío viajero “a dedo”

 

 Temeroso de los Lobos

 y de su propia

 Sombra.

 

 

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