5 escritoras mexicanas al borde del olvido | MÁS LITERATURA

Por: Andrea Castillo Pacheco

Desde hace al menos 30 años, las mujeres ocupan la tercera parte de la literatura nacional. No obstante, todavía enfrentan problemas para ganarse un lugar en el ámbito literario en pleno siglo XXI. “Socialmente encontramos trabas y tenemos la misión de demostrar que podemos ser mejores que los hombres. Siempre estamos en el punto de mira. Todavía hay antologías donde de dieciséis autores convocados, solo uno es mujer, y eso para cumplir con la cuota de género. Hay una imposición tácita que nos pide nuestro mejor trabajo”. Afirma Liliana Pedroza.

Las escritoras del siglo XIX y XX han sido el parteaguas para la literatura de hoy en día, incursionando desde aquellas épocas en temas sociales, políticos, cotidianos, incluso históricos, y que tristemente han quedado en el olvido del canon literario, pero que sin duda son un mundo de conocimientos y viajes por descubrir.

Inés Arredondo (1928-1989)

Nació en Sinaloa en 1928. Es una de las escritoras más sobresalientes de la literatura mexicana del siglo XX. Fue Integrante del grupo de escritores del medio siglo, grupo que no sólo se dedicó a la creación, sino a la labor crítica sobre distintos campos artísticos: teatro, cine, pintura, música, poesía, novela, cuento y ensayo, además de tratar temas que antes habían sido censurados en México. Arredondo convivió con Rosario Castellanos, Jaime Sabines y Rubén Bonifaz Nuño como compañeros de estudio. Su obra está compuesta por 34 relatos que integran sus tres libros: La señal (1965), Río Subterráneo (1979), que le valió el Premio Villaurrutia, y Los espejos (1988). A través de su literatura, Arredondo marca un parteaguas para la literatura hecha por mujeres al plasmar problemas sociales que aquejaban a México, además de presentar temas cotidianos que asechaban a las mujeres en un contexto público y privado, como las relaciones de familia y de pareja. En sus relatos se puede observar la crítica a la doble moral y a los convencionalismos sociales. Los tópicos que sobresalen en sus narraciones son el erotismo, el voyerismo, el amor, el engaño, la inocencia, el desamor, la perversión y la muerte. Marcó la literatura mexicana al denunciar las situaciones que padecían las familias mexicanas: el abandono de los padres, el machismo, el incesto, la traición, el aborto y el autoritarismo de los padres ejercido hacia sus hijos. Sus creaciones  están compuestas de una realidad doliente y voraz que resulta en una literatura mediada por lo verdaderamente humano.

Guadalupe Dueñas (1910-2002)

La vida de Guadalupe Dueñas es tan desconcertante y misteriosa como su literatura, desde sus datos biográficos, hasta sus relatos llenos de terror y experiencias. Nació en Guadalajara, Jalisco, el 19 de octubre de 1910, es una de las escritoras más relevantes del siglo XX. Fue guionista, cuentista y censora cinematográfica. Su obra se caracteriza por una sensación de orfandad y desamparo. Uno de los temas recurrentes en su obra es la soledad y se percibe en cuentos como “Conversación de Navidad”—sobre una chica que se refugia en el aroma de las fragancias y los jabones que posee para protegerse de la maldad de sus compañeras y disimular su pobreza—. Sobre este aislamiento, la escritora confesó durante la entrevista realizada por Beatriz Espejo: “Nunca pude lograr amistades verdaderas ni con hombres ni con mujeres ni con perros. Estoy absolutamente sola por dentro. Tan sola que toda mi necesidad afectiva se vuelve literaria”. 

Entre sus protagonistas están los animales, perros, vacas y bichos repugnantes y poco agraciados en los que se resaltan sus virtudes y habilidades a pesar de su aspecto. Su primer libro de cuentos, Tiene la noche un árbol (1958), contiene veinticinco relatos, casi todos con una mujer como protagonista o narrados por una voz femenina En los textos de Dueñas, llenos de anécdotas aparentemente inocuas e incluso infantiles se inserta, muchas veces con ironía o mediante símbolos, una postura ante el papel de la mujer en la sociedad de su época. Una postura algunas veces firme y transgresora, y otras veces más bien resignada y sufriente, pero siempre exhibiendo un descontento y un rechazo al estado de las cosas. 

Los relatos de Guadalupe Dueñas se distinguen por su brevedad, por el manejo riguroso, conciso y esencial de su escritura, mostrando de una forma estilística y poco convencional una narrativa realista con tintes cotidianos revelando las situaciones sociales y morales del ser humano con un lenguaje poético y aterrador basado en las vivencias de la autora, por que afirmó: “En mis cuentos no existe la fantasía”, pues sus relatos están basados en experiencias y en ocasiones en sueños que más adelante fueron creaciones literarias.

Nellie Campobello (1900-1986)

Nació en Durango el 7 de noviembre de 1900. Fue bautizada con el nombre de Francisca Ernestina Moya Luna. Se cree que su nombre artístico fue tomado de una perra que tenía por mascota su madre y que se llamaba ‘Nellie’ y el de Campobello de su padrastro Jesús Campbell Morton. Campobello fue testigo y narradora de la  Revolución Mexicana. Además de ser precursora del ballet en México. Tuvo un papel sobresaliente en este momento histórico en el que era difícil para las mujeres incursionar en la literatura y en los campos sociales. Por su trabajo literario, es considerada la primera narradora moderna del siglo XX mexicano. En 1928 salió a la luz su primer libro, el volumen de poesía Yo, versos por Francisca. Acerca del tema de la Revolución, escribió Cartucho. Relatos sobre la lucha en el norte de México (1931), Las manos de mamá (1937) y Apuntes sobre la vida militar de Francisco Villa (1940), este último relato lo escribió en honor  al general Francisco Villa, por quien sentía una gran admiración. Se le conoce como la  precursora de la narrativa de la Revolución, en sus relatos se puede observar las peripecias de las mujeres en medio de este conflicto armado, la educación en momentos de guerra, así como los problemas sociales y políticos que se desarrollaron durante este suceso. Pero la vida de esta precursora en la historia de la danza y de la literatura en México tuvo un final trágico. A los 84 años desapareció de la vida pública y de los lugares que frecuentaba y nadie supo más de ella. Estuvo desaparecida desde 1986 hasta 1999. Pero sin duda dejó un gran legado histórico por medio de la literatura.

María Enriqueta Camarillo (1872-1968)

Nació en Coatepec el 19 de enero de 1872. Fue nominada al Premio Nobel de Literatura. La poeta y narradora veracruzana compitió con 23 escritores, entre los que se encuentran Rómulo Gallegos, José Ortega y Gasset, Winston Churchil y Pär Lagerkvist -el sueco que finalmente ganó-. 

“Camarillo es la única mujer mexicana que ha sido nominada al Nobel en cualquiera de sus categorías. Sin embargo, en la ficha de su nominación no aparecen datos biográficos como las fechas de su nacimiento y muerte, como sí aparecen en las fichas de otros nominados. Su nombre tampoco figura entre la lista de mexicanos nominados en las diferentes categorías durante este período. Una omisión que no es más que una muestra del olvido en que se ha tenido a esta escritora”. Con 22 años, Camarillo publicó sus primeros poemas en el periódico El Universal. Lo hizo con el nombre de Iván Moszkowski, pues era un músico que admiraba. En esta época, no era fácil que, más allá de los diarios o revistas femeninas, las mujeres lograran espacios en publicaciones de relevancia nacional. De ahí que tuvieran que recurrir a seudónimos masculinos. En 1908 publicó su primer libro: el poemario Rumores de mi huerto. Desde entonces, su poesía gozó de buena acogida por parte de la crítica y de los lectores. Poetas como Ramón López Velarde y la chilena Gabriela Mistral, escribieron comentarios positivos de su obra. Es de sorprenderse que fue una de las dos mujeres que formaron parte del Ateneo de la Juventud, el distinguido y masculino grupo de intelectuales que lideraba Alfonso Reyes.

Entrevistada al respecto, Hernández Palacios considera que una de las razones de su olvido es que su obra se circunscribe a una época: “Escribía con un estilo y sobre unos temas que han pasado de moda. Escribía para las mujeres, las mujeres conservadoras, y para los niños. Aunque fue una muy buena novelista, sus novelas poco interesarían a las mujeres de ahora. Ella escribía para las mujeres porque le interesaba que fueran cultas y educadas, pero no creía que tuvieran que leer lo mismo que los hombres ni dejar el cuidado de la casa y de los hijos. No era una feminista, era una mujer muy católica y ultraconservadora”. Pese al éxito que tuvo en su momento, hoy prácticamente nadie recuerda a esta poeta y narradora. 

María Enriqueta Camarillo, la escritora mexicana que fue nominada al máximo galardón de las letras en el mundo, murió a los 96 años, prácticamente sola y casi ciega en una casa de la colonia Santa María la Ribera.

María Elvira Bermúdez (1916- 1988)

Nació en Durando el 27 de noviembre de 1916. ​ Fue una cuentista, novelista y ensayista mexicana del siglo XX, una de las primeras narradoras y teóricas del género policiaco en México. Por lo que fue denominada como “La Agatha Christie mexicana”. María  Elvira fue Miembro de la Asociación de Escritores de México y del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana. Colaboró en AméricaCuadernos AmericanosDiorama de la Cultura, El NacionalExcélsiorMéxico en la Cultura, Nivel, y Revista Mujeres. Medalla Magdalena Mondragón 1983. Escribió algunas notas preliminares y prólogos para la colección “Sepan cuántos…”, de Porrúa, de la narrativa policiaca de sir Arthur Conan Doyle, Jules Verne y Edgar Allan Poe. Figuró entre las promotoras del derecho a votar de las mexicanas, cosa que con justa razón se consiguió. Pero María Elvira no se consideraba una feminista, sino una mujer convenciada de la autenticidad de sus convicciones.

 “Publicó La vida familiar del mexicano, ensayo de corte sociopsicológico, y la antología Los mejores cuentos policiacos mexicanos, aunque esos trabajos no habrían de ser precisamente lo que la distinguiera en el ámbito de las letras nacionales, sino sus textos de ficción, divididos claramente en dos parcelas: en una, subyacen historias donde la experiencia humana atendida desde las perspectivas más disímbolas (la soledad, la muerte, el amor, la traición y su contraparte la fidelidad…) aflora como un abanico de propuestas para entendérselas mejor con el destino: si la desdicha o el momento postrero son inevitables, hay que enfrentarlos de tú a tú hasta desenmascararlos; en otra, campean asuntos de índole policial, criminológico. Y en ambas se desenvolvió con una seguridad incuestionable”. Apunta Ignacio Trejo.

Entre sus primeros libros de cuentos figuran Alegoría presuntuosa (1971), Cuentos herejes (1984) y Encono de hormigas (1987). En estos relatos sobresalen temas como la ruptura amorosa, el desgaste de afinidades familiares, el resquebrajamiento de ideales y, principalmente, el acecho implacable del destino feroz sobre las míseras criaturas que somos cada uno de nosotros. No obstante, es notorio que aun en esos ambientes dolorosos y sórdidos María Elvira sea capaz de abrir brechas por donde puede colarse cierto hálito esperanzador, esto a través de su magnífico humor ácido e irónico empleado en su literatura.

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