Amparo Dávila: la escritora que revolucionó la “literatura de lo insólito” | MÁS LITERATURA

Por: Andrea Castillo Pacheco

Amparo Dávila fue una cuentista y poeta que revolucionó la literatura mexicana del siglo XX. Nació en Zacatecas, el 21 de febrero de 1929. Su narrativa está llena de misterio e incertidumbre, pues combinó el terror psicológico con el terror sobrenatural, manifestando las sensaciones y temores que envuelven la naturaleza humana. Su literatura fue catalogada como imprecisa, sombría, y en ocasiones aterradora; su forma de escribir era tan especial que impresionó a Julio Cortázar, con quien le unió una gran amistad. Fue secretaria de gran Alfonso Reyes, y en 1959 apareció su primera antología de cuentos: Tiempo destrozado, en 1964 Música concreta y en 1966 obtuvo una beca del Centro Mexicano de Escritores. Su siguiente obra, Árboles petrificados, le valió el premio Xavier
Villaurrutia en 1977. Perteneciente a lo que algunos han llamado Generación de medio siglo, Dávila es una de las pocas cuentistas mexicanas cuya literatura parece rebasar la realidad sin entregarse a la fantasía, motivo por el que resultaría impreciso categorizar su obra como literatura fantástica.


En los relatos de Amparo Dávila se encuentra lo ominoso, lo melancólico y una irónica ternura. “Algunos de los cuentos son aparentemente triviales e incluso frívolos, pero en ellos se vislumbra una soledad profunda en busca de un asidero y la dolorosa conciencia de una falta de pertenencia a un grupo”. En su narrativa breve, pero conformada por una trama que engancha en el primer instante, aparecen seres recónditos, atormentados, solitarios y con muestras de arrepentimiento por amores no correspondidos.

EL HUÉSPED

Uno de los cuentos más conocidos y el que posiblemente más crítica ha generado es El Huésped, narrado desde una perspectiva femenina. La trama se centra en un ser misterioso que rompe con la cotidianidad de un hogar y comienza a generar en el resto de los habitantes, principalmente de la protagonista, mucha angustia y ansiedad al no saber qué tipo de ente es y que invade su presencia día y noche.

Mi vida desdichada se convirtió en un infierno. La misma noche de su llegada supliqué a mi marido que no me condenara a la tortura de su compañía. No podía resistirlo; me inspiraba desconfianza y horror.

Amparo Dávila

LA SEÑORITA JULIA

El siguiente cuento es “La Señorita Julia” que muestra a una mujer símbolo de la perfección, el modelo de rectitud, limpieza, trabajo y serenidad. Julia era intachable, la mayor de sus hermanas y aunque no estaba casada, sí comprometida en una relación más bien cordial. Un día Julia comienza a oír ruidos por la noche que le impiden dormir, su primer instinto es pensar que son ratas y pone todo su empeño en eliminarlas. Pero los días pasan y la incertidumbre y el temor de no saber que la asecha le quita el sueño y la llena de una angustia irremediable, llevándola a un abismo de locura.

La señorita Julia se sentía como una casa deshabitada y en ruinas; no encontraba sitio ni apoyo; se había quedado en el vacío; girando a ciegas en lo oscuro; quería dejarse ir, perderse en el sueño; olvidarlo todo.

Amparo Dávila

EL ENTIERRO

El Entierro es un cuento diferente a los anteriores, el protagonista es masculino. Un hombre adinerado y con una vida de éxito y logros se ve interrumpido por una pausa extraña e irracional, un día su cuerpo lo obliga a detenerse. Despierta en un hospital aún acelerado por los recuerdos de la oficina. No se le permite hacer ni el más mínimo esfuerzo; hablar o moverse son actividades que realiza con ayuda. El empresario se recupera de poco y se le permite convalecer en su casa, aunque cada vez está mejor y más ansioso por regresar a su vida normal, los indicios del destino lo obligan a hacer un recuento de su pasado. . Resignado comienza los planes de su final, no sin antes despedirse como se debe de su amante, de sus gustos, de su vida de lujos y opulencia. Sin embargo, sus últimos deseos lo llevan hasta el desastre.

De pronto sintió que algo por dentro se le rompía, o se abría, que estallaba, y un dolor mortal, rojo, como una puñalada de fuego que lo atravesaba; después la caída, sin gritos, cayendo cada vez más hondo, cada vez más negro, más hondo y más negro, sin fin, sin aire, en las garras de la asfixia muda.

Amparo Dávila

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