Nahui Ollin: Una mujer adelantada a su tiempo | MÁS LITERATURA

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Por: Andrea Castillo Pacheco

María del Carmen Mondragón Valseca, mejor conocida artísticamente como Nahui Ollin, seudónimo que significa “perpetuo movimiento en náhuatl”, en relación a la renovación cíclica del calendario mexica. Es un nombre cosmogónico, que le fue puesto por su más grande amor y su desgracia, el Dr Atl.

Carmen Mondragón nació en Veracruz, el 8 de julio de 1984. Fue la poeta que unió la estética con la ciencia y la pintora que pasó a la historia por sus pinturas y autorretratos de ojos grandes y azules.

Nahui creció en una familia burguesa del siglo XIX, durante la época del Porfiriato. Su niñez transcurrió en Francia, donde tuvo la oportunidad de incursionar en diversas artes, como la danza clásica, la pintura, la literatura y el teatro. En su adolescencia convivió con artistas como Diego Rivera, Georges Braque, Henri Matisse y Pablo Picasso.

Tras estallar la Primera Guerra Mundial, un matrimonio fallido con Manuel Rodríguez Lozano, y el fallecimiento de su primer hijo, decide regresar a México en 1921, donde se sumergió en la vida artística del país. Convivió con personajes como José Vasconcelos, Frida Kahlo, Xavier Villaurrutia, Dolores del Río, Guadalupe Marín, , Tina Modotti, María Izquierdo, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros, Lupe Vélez y Salvador Novo. También modeló para pinturas de Rosario Cabrera, para el mural “La creación” de Diego Rivera, donde aparece como Erato, la musa de la poesía erótica; también posó para Jean Charlot y realizó desnudos para los fotógrafos Edward Weston y Antonio Garduño.

Nahui Ollin afirmaba que al posar desnuda buscaba más una existencia estética que rompiera tabúes en cuanto al desnudo en el arte, que una imagen que expresara un símbolo sexual, pues sin duda usaba su cuerpo para expresarse creativamente.

Ollin formó parte de un grupo de mujeres que durante las décadas de 1920 y 1930 produjeron uno de los períodos más activos de la cultura y el arte en México, y a las que Elena Poniatowska bautizó como “Las siete cabritas”

A pesar de que Nahui nunca se consideró una militante del feminismo, sus ideas avanzadas estuvieron fuera de un periodo moralista y puritano. Mientras que sus creaciones simbolizan la liberación femenina en una época llena de opresión y estereotipos sociales que reprimían el pensamiento de las mujeres.

Su actitud provocadora y su falta de comportamiento socialmente establecido la llevaron a convertirse en un icono de rebeldía y libertad para las mujeres. Rubí de María Gómez señala que pudo haberse acercado a las ideas feministas e incluso se menciona la influencia de la ideología de Mary Wollstonecraft. La filósofa María Cecilia Rosales incluso establece que el hecho de que se autorrepresentara en su pintura corresponde con su conocimiento del feminismo mexicano y anglosajón que la impulsó a explorar su creatividad.

También fue una de las dos únicas mujeres integrantes de la Unión Revolucionaria de Obreros, Técnicos, Pintores, Escultores y Similares difundida en 1924 por “El Machete”, al lado de Carmen Foncerrada. En la investigación realizada por María Rosales, se establece que “en 1935 también fundó la Liga Feminista de Lucha contra las Toxicomanías, que buscaba erradicar los vicios que, a su juicio, no permitían el progreso del país; pronto se unió a otros grupos que buscarían el voto femenino, la igualdad de derechos frente a los hombres, acceso al trabajo con apoyos a la maternidad, derecho a poseer tierras, la integración de las mujeres indígenas y el acceso a la educación para todas las mujeres”. Pues buscó por medio de su activismo social, su poesía y su pintura, la reivindicación, la igualdad y la libertad femenina.

Nahui Ollin mantuvo una relación tormentosa con el también pintor Dr Atl, la cual la llevaría a confrontarse consigo misma en un sin fin de circunstancias y sentimientos.

Ya en sus últimos años se dedicaría más a la escritura que a la pintura. Fue maestra de pintura en una escuela primaria y obtuvo una beca proporcionada por Bellas Artes.

Ollin vivió modestamente, dedicada a la enseñanza y a la escritura, siempre comprometida con su libertad y sin arrepentimientos sobre su vida que para los otros, no encajaba en la sociedad de su época. “A nahui Olin su tiempo no supo comprenderla. Alguien –probablemente una mujer– deletreó “feminismo” en mayúsculas. Otros más escribieron palabras como “liberada”, “libre”, “libertad”. A veces me temo que Nahui Olin sigue siendo lo que el presente quiere que sea y, por lo tanto, todavía modelo, todavía musa, ahora la de nuestra sociedad, que la necesita emancipada como ninguna, visionaria, protoabuelita del feminismo y precursora de todo”

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