Rosario Castellanos: cartas de amor a Ricardo Guerra | MÁS LITERATURA

Por: Andrea Castillo Pacheco

Rosario Castellanos conoce a Ricardo Guerra Tejada en 1949, en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM; quien sería el gran amor de su vida, su esposo, el padre de su único hijo, y el hombre por el que sufriría incansablemente.

En 1950 Rosario se establece temporalmente en Chiapas e inicia la redacción de Cartas a Ricardo. En total hay 111 cartas, la gran mayoría de Rosario Castellanos y unas pocas de Gabriel, su hijo.

Un año más tarde, viaja a España como becaria para estudiar en la universidad Complutense de Madrid. La correspondencia iniciada el año anterior continúa desde distintos países de Europa durante 1951.

En enero de 1952 la correspondencia entre Rosario y Ricardo se ve interrumpida por primera vez, esto a consecuencia del matrimonio de Ricardo Guerra con Lilia Carrillo.

De 1952 a 1958 reside en Chiapas y, durante ese tiempo, no hay evidencia de correspondencia con Ricardo, sin embargo, a principios de 1958 Rosario vuelve a la Ciudad de México y contrae matrimonio con Ricardo. El mismo año publica sus poemas dramáticos Salomé, Judith y Al pie de la letra. En 1960 se incorpora a la UNAM como profesora y Jefa de prensa e información.

En 1961 nace Gabriel, su único hijo. Es en 1966 que la correspondencia con Ricardo Guerra se reanuda, esto debido a que Rosario después de una seria crisis conyugal acepta la invitación de las universidades de Wisconsin, Indiana y Colorado para ser profesora, así que viaja a los Estados Unidos donde radica hasta 1967, año en que la correspondencia con su hasta ese entonces esposo cesa de manera definitiva. El divorcio, el regreso a México y su nombramiento como la Mujer del Año, suceden en 1967; desde este momento y hasta 1971 continúa su labor docente en la UNAM, la cual se ve interrumpida por el nombramiento diplomático que le exige cambiar su residencia a Tel Aviv; donde se desempeña como embajadora de México en Israel.

Será hasta 1994 cuando, siguiendo sus propias instrucciones, según afirma Juan Antonio Ascencio, se publica Cartas a Ricardo. Si bien es cierto que las cartas tienen un sustrato referencial en la vida de Rosario, en ellas veremos como la literatura tiene un papel preponderante en su entendimiento y búsqueda de libertad, en el que existe un lenguaje que permite a la autora llegar a un plano superior de conciencia de sí misma; expresar sus estados de ánimo y hacerlos asequibles.

Las primeras cartas datan de 1950, donde Castellanos se muestra como una joven de 25 años extremadamente enamorada y como ella misma dice: “hambrienta de ternura”.

“…Quiero ser para usted, lo mejor que yo pueda, lo que más se aproxime a lo que usted quiera. Pero es necesario que usted me ayude, que usted me oriente, Porque si me abandona a mi intuición es probable que yo eche a perder todo y haga miles de tonterías, pero si usted me dice yo seré dócil en sus manos y me abandonaré totalmente a su voluntad. Es usted la primera persona en cuya voluntad confío más que en la mía y de quien creo sabrá escoger mejor que yo lo que es necesario hacer”.

9 de octubre de 1950. Argentina.

Otras de sus cartas, muestran la fragilidad y el quebrantamiento de su estado emocional, ya encaminadas a una crisis matrimonial

Mi querido Ricardo:

“…Aquí estamos, amontonados en un cuarto, después de un viaje en el que atravesamos Wisconsin, Indiana, Pennsylvania, Philadelphia, New Jersey y llegamos, por fin, a este lugar incomprensible.

Gabriel aprovecha la anormalidad de la situación para organizar unos berrinches espeluznantes, para agredir con una brutalidad de palabra y obra y para dar rienda suelta a sus obsesiones que ahora son la muerte y el suicidio. No le compres un juguete, amenaza al canto, revolcarse en el suelo, gritar que va a tirarse por la ventana, etc. Yo he procurado hacer lo que supongo que le divierte a él. Fuimos al Museo de Historia Natural, al zoológico, a ver aparadores y tiendas. Mientras más se esmera uno en complacerlo más tiránico e irracional se muestra. Yo hago como que no le hago caso, porque inmediatamente después le entra un ataque de arrepentimiento, de llanto y de cariño. Pero me agota mucho este pastoreo a esta criatura que, en principio, dice a todo que no, que hay que convencer, a veces por las buenas, a veces por las malas, a veces no mostrando el menor interés. Herlinda es muy jaladora y está entristecida y me ayuda mucho, pero también tengo que guiarla casi íntegramente. Luisa ha tenido que dedicar tiempo a su familia y abandonarnos a poco a nuestra suerte.

En cuanto a mí, estoy haciendo un gran esfuerzo para funcionar, pero tengo una sensación tan aguda de inexistencia, de muerte, de que he sido definitivamente mutilada de lo que era mi sustento y de que me estoy convirtiendo en algo que todavía no sé qué es pero será infinitivamente más pobre y más triste de lo que era antes. En fin, las medicinas me deprimen muchísimo y prefiero la angustia y la náusea. Es inútil que yo vea nada y, vaya a donde vaya, nada me interesa, nada me distrae, no salgo de ese pozo negro donde caí hace mucho tiempo”.

La última etapa de cartas, escritas entre 1966 y 1967, se observa a una Rosario engañada, traicionada y desesperada por la situación sentimental que padece con Ricardo, e incluso en muchos momentos en un total desequilibrio físico y mental de la autora de Poesía no eres tú, las novelas Balún Canán (1957), Oficio de tinieblas (1962), Ciudad Real (1960), Los convidados de agosto (1964) y Álbum de familia (1971), que en instantes se salva por el gran amor de su hijo Gabriel, y todavía con la esperanza de reencontrar al único amor de su vida: Ricardo Guerra.

“Mi vida, te quiero mucho. No he querido a nadie más que a ti. Me siento muy culpable y muy estúpida por haber echado a perder una relación que pudo haber sido, si no feliz, por lo menos no tan desdichada porque yo siempre, quería otra cosa, comerte, devorarte, no sé qué. Que me dieras todo lo que falta y no me puede dar nadie: seguridad, anestesia de ese sentimiento de que estoy de más, de que estorbo, de que cualquiera me supla y con mejoría…”


20 de noviembre de 1967, Cuernavaca.

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