5 escritores amantes de los gatos | MÁS LITERATURA

Por: Andrea Castillo Pacheco

El simbolismo de los gatos ha sido retratado en diversas culturas y áreas del conocimiento humano, y la literatura no se escapa de ello.

Muchos han sido los escritores que han plasmado la figura del gato en su narrativa y poesía, escribiendo sobre ellos como seres misteriosos, enigmáticos, cautelosos, libres, y como esfinges que simbolizan la belleza más pura.

Además de ser protagonistas de sus obras, también han sido fieles compañeros, acompañándolos en entrevistas, fotografías, su soledad, y sobre todo, en su escritura, pues su carácter solitario, e individualistas lo hacen el animal perfecto para convivir con un escritor.

Jorge Luis Borges

Uno de los autores más destacados de la literatura del siglo XX, tuvo dos gatos llamados Odín y Beppo. Odín, en honor al dios de la mitología nórdica y Beppo, por Lord Byron. En palabras de Borges “se llamaba Pepo, pero era un nombre horrible, entonces se lo cambié enseguida por Beppo, el gato del poeta Lord Byron”.

Beppo era un hermoso gato blanco que siempre estaba con Borges. Le gustaba jugar con los cordones de sus zapatos y dormirse en su regazo. Tenía más de 15 años cuando murió y fue una auténtica pérdida para Borges, que ya estaba ciego. Parece ser que entonces dijo: “Quisiera morirme hoy mismo, pero no tengo la suerte que tuvo Beppo. Aunque a lo mejor sí, ahora que estoy con gripe, tal vez muera”.

Algunos dicen que Beppo tenía mal carácter, pero que se llevaba muy bien con Borges. Un día, Fanny vio que Beppo se miraba en un espejo y creía ver otro gato, posiblemente a un rival. Se lo contó a Borges y este le dedicó un poema en la obra La cifra publicada en 1981.


El gato blanco y célibe se mira
en la lúcida luna del espejo
y no puede saber que esa blancura
y esos ojos de oro que no ha visto
nunca en la casa son su propia imagen.
¿Quién le dirá que el otro que lo observa
es apenas un sueño del espejo?
Me digo que esos gatos armoniosos,
el de cristal y el de caliente sangre,
son simulacros que concede el tiempo
un arquetipo eterno. Así lo afirma,
sombra también, Plotino en las Enéadas.
¿De qué Adán anterior al paraíso,
de qué divinidad indescifrable
somos los hombres un espejo roto?

De los gatos, Borges dijo una vez: “Nadie cree que los gatos son buenos compañeros, pero lo son. Estoy solo, acostado, y de pronto siento un poderoso brinco: es Beppo, que se sienta a dormir a mi lado, y yo percibo su presencia como la de un dios que me protegiera”. Y también: “Siempre preferí el enigma que suponen los gatos.

Charles Bukowski

El escritor y poeta estadounidense Charles Bukowski, al que erróneamente se le ha asociado con los escritores de la Generación Beat, por sus grandes similitudes de estilo y actitud, y que hoy en día es considerado uno de los escritores más influyentes y símbolo del “realismo sucio” y la literatura independiente, escribió decenas de libros de poemas y se ganó la fama de ser “el último poeta maldito”.
Una de las más recientes colecciones póstumas en publicarse es “Gatos”, de Ediciones Continente.

El título no deja lugar a la duda y el libro efectivamente es una recopilación de poemas sobre felinos, con algún que otro fragmento de narrativa y varias fotos suyas junto a sus mascotas. Pero más que sobre gatos, sus versos hablan de su relación con esos animales, la cotidianeidad de la convivencia.

Un Bukowski sensible descubre en ellos la compañía ideal, el descanso de la ansiedad y una clara identificación. Sobre ellos, escribió:

“Caminan con una dignidad sorprendente, pueden dormir veinte horas al día, sin duda y sin remordimiento: estas criaturas son mis profesoras”.

Charles Bukowski

“Cuantos más gatos tengan más vivirás. Si tienes un centenar de gatos, vivirás diez veces más que si tienes diez. Algún día esto será descubierto, y la gente tendrá mil gatos y vivirá para siempre. Es realmente ridículo.”

Charles Bukowski

“Los gatos no tienen nada en cuenta, por eso cuando atrapan un pájaro no lo sueltan. Son un claro ejemplo de que cuando los elementos de la naturaleza entran en juego no hay nada que hacer. El gato es un diablo hermoso, nunca mejor dicho. Algunos perros y algunas mujeres acaban cediendo, pero los gatos, joder, seguirán ronroneando y bebiendo leche mientras las paredes de su casa se desmoronan a su alrededor”.

Charles Bukowski

Otras reflexiones que le inspiran los gatos se refieren al amor: “no me gusta que el amor sea una orden, una búsqueda. Tiene que venir a tu encuentro como un gato hambriento a la puerta de tu casa”.

Cuando ya tiene cinco gatos callejeros, se dice a sí mismo: “da igual el sinfín de latas de atún / que hay que ir a comprar: son combustible / para una dignidad, pura, ilimitada, una / vitalidad asombrosa e / inagotable, / sobre todo cuando la vida nos / puede: le damos demasiadas / vueltas / a las cosas.”

Los gatos entran en su vida, lo seducen y se empiezan a acumular. Al principio es sólo uno y hacia el final del libro ya habla de nueve. Los adora y los envidia. “En mi próxima vida quiero ser gato. Dormir 20 horas al día y que me den de comer. Pasarme el día lamiéndome el culo. Los humanos son demasiado miserables e iracundos y siempre están haciendo cosas”, confiesa.

En esos años cómodos de su ancianidad, Bukowski ve un reflejo de su juventud despreocupada, independiente, pendenciera. Tal vez como hubiese querido que le sucediera a él, protege esa naturaleza y acumula gatos callejeros, ariscos algunos, los que más admira.

Los gatos son un recuerdo nostálgico de sus propios vagabundeos, abandonados por una vida sedentaria y burguesa.

En un poema que no figura en la colección, pero que bien podría haber estado, Bukowski se enfrenta al fin de la vida y en un testamento de amor a quien será su viuda establece una analogía con sus queridos animales:

…esperando la muerte
como a un gato
que va a saltar sobre
la cama

Charles Bukowski

William Burroughs

El novelista, ensayista y crítico social estadounidense, William Burroughs, el responsable de renovar del lenguaje narrativo y una de las principales figuras de la Generación Beat, dice en “Gato encerrado”:

“Soy el gato que camina solo. Y para mí todos los supermercados son lo mismo. El gato no ofrece servicios. El gato se ofrece a sí mismo. Por supuesto que quiere cuidado y refugio. No se compra al amor por nada. Como todas las criaturas puras, los gatos son prácticos.”

William Burroughs

Gato encerrado (The Cat Inside) es una novela de William S. Burroughs, ilustrada por Brion Gysin. Fue publicada por primera vez en Estados Unidos en 1986 por Grenfell Press en una edición limitada de 133 ejemplares. Posteriormente, Viking Press volvió a publicarla en una tirada mucho más amplia.
Burroughs nunca escondió su profundo amor por los gatos, a los que se refería como “compañeros psíquicos”.

En las últimas frases de su diario, antes de su fallecimiento, habla del amor como la cura suprema, y dice:

“Lo único que puede resolver un conflicto es el amor, el amor que yo sentía por Fletch y Ruski, Spooner y Calico. Amor puro. Lo que siento por mis gatos actuales y pasados.
¿El amor? ¿Qué es?
El analgésico más natural del mundo”.

– “Mi relación con los gatos me ha salvado de una ignorancia tan mortal como penetrante”.
– “Un gato enfadado es una maravilla, arde con pura llama gatuna, el pelo erizado lanza chispas azuladas, la mirada abrasa”.
– “Como cualquier otro ser puro, los gatos son prácticos”.
– “El gato no ofrece sus servicios, se ofrece a sí mismo”.

Julio Cortázar

El escritor argentino Julio Cortázar, uno de los autores más innovadores y originales de su tiempo, nombró a su gato Teodoro W. Adorno por el filósofo y sociólogo alemán. El escritor menciona a los gatos en varias de sus obras, entre ellas “Rayuela” y “El último Round”.
Novelas que destacan por usar una nueva forma de hacer literatura, rompiendo los moldes clásicos con narraciones que escapan de la linealidad temporal. Su obra sucede en la frontera entre lo real y lo fantástico, puro realismo mágico con toques surrealistas. Es en este paisaje donde aparecen personajes felinos, y en su vida real, en las fotos de su vida cotidiana, los gatos aparecían como si fueran íntimos amigos.

A decir verdad ni siquiera era su gato, sino un gato callejero, “negro y canalla”, que un día aterrizó en su vida en Saignon en el sur de Francia y que se materializaba cada vez que él y su mujer volvían a la localidad provenzal con enorme sorpresa de ambos.

Hasta que un día Teodoro W. Adorno no sólo no volvió a la demora de los Cortázar sino que, al encontrárselo en el pueblo, ignoró por completo al escritor argentino que le había dado un nombre tan bonito. A lo que escribió:

“Mi mujer y yo vimos llegar a Teodoro por el sendero que baja al ranchito y era un gato sucio y canalla, negro debajo de la ceniza polvorienta que mal le tapaba las mataduras, porque Teodoro con otros diez gatos de Saignon vivía del vaciadero de basuras como cirujas de la quema, y cada esqueleto de arenque era Austerlitz, los Campos Cataláunicos o Cancha Rayada, pedazos de orejas arrancadas, colas sangrantes, la vida de un gato libre. Ahora que este animal era más inteligente, se vio en seguida cuando nos maulló desde la entrada, sin dejar que nos acercáramos pero dando a entender que si le poníamos leche en una aceptable no cat’s land condescendería a bebérsela.”

Julio Cortázar

A lo que también escribió:

“Querer a las personas como se quiere a un gato, con su carácter y su independencia, sin intentar domarlo, sin intentar cambiarlo, dejarlo que se acerque cuando quiera, siendo feliz con su felicidad”.

Julio Cortázar

Ernest Hemingway

Un día, Hemingway regresó a casa con una pequeña bola de pelo blanco: una gatita regalada por un marinero de un barco mercante, a quien llamó Bola de nieve (Snowball).

El felino fue un regalo de un capitán de mar llamado Stanley Dexter. Los marineros preferían a los gatos polidáctilos, creyendo que eran buena suerte.

El nuevo integrante de la familia tenía una peculiaridad: contaba con más seis dedos en sus patas, tanto en las traseras como delanteras, una mutación que se conoce como polidactilia.
Se cuenta que llegó a tener decenas de gatos. Incluso que dormía con varios de ellos y que a cada uno los bautizó con nombre originales, como Mister Feather Puss, Crazy Christian, entre otros.

Llegó a tener más de 30 gatos y al dejar la casa, en los tiempos de abandono, la casa fue tomada literalmente por ellos.

La casa de Ernest Hemingway fue comprada originalmente por ocho mil dólares. Después de la muerte del escritor en 1961, la propiedad fue vendida por su viuda, Mary Welsh, a la señora Bernice Dickson, la fundadora del museo: Casa de Ernest Hemingway.

El 24 de noviembre de 1968, su casa se designó Monumento Histórico Nacional de los Estados Unidos.

La casa se convirtió en un museo y para ese entonces la población gatuna ascendía a 50 gatos aproximadamente.

Muchos de los descendientes de Bola de nieve recorren los terrenos de Hemingway Home, y debido a que Key West es tan pequeño, no es improbable que muchos de los gatos de la isla estén relacionados.

Cuando la casa se convierte en museo, la fundación que la administra decidió mantener una población gatuna de entre 40 y 50 gatos para asegurar su mantenimiento, salud, aseo y buena convivencia con los visitantes.

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