María Izquierdo: la pintora que reivindicaría el arte femenino en México | MÁS LITERATURA

Por: Andrea Castillo Pacheco

María Izquierdo nació en octubre de 1902 en San Juan de los Lagos, Jalisco. Proveniente de una familia de clase baja. Fue la primera pintora mexicana que expuso su obra fuera de México: en 1930, en el Art Center de Nueva York. Este hecho le da un lugar muy especial, no sólo en la historia del arte mexicano y en la historia del surrealismo como corriente artística, sino en la historia del feminismo en México, pues en aquella época las mujeres tenían muy pocas oportunidades para ser reconocidas en cualquier ámbito artístico.

La vida de María Izquierdo estuvo marcada, desde muy temprana edad, por la violencia de género, pues a los 14 años fue obligada a casarse con un militar, con quien tuvo tres hijos.

Durante esta época, María Izquierdo vivió en Aguascalientes, Saltillo y finalmente en la Ciudad de México, donde se estableció en 1923. Cinco años más tarde ingresó a la Academia de San Carlos, donde tuvo una meteórica carrera que culminó de forma prematura, ya que sus habilidades, entonces inéditas para una sociedad abiertamente machista donde el arte también era una actividad de la que las mujeres eran comúnmente excluidas, fueron mal recibidas por los estudiantes, y María Izquierdo era comúnmente violentada por sus compañeros, especialmente después de que durante una muestra en 1929, Diego Rivera (entonces director de la Escuela Nacional de Bellas Artes) designara su obra como la de mayor proyección, pues notó el talento de la pintora jalisciense por encima de sus contrapartes masculinos y consideró que María Izquierdo no requería asistir más a la Academia dadas sus condiciones técnicas.

María Izquierdo pintó en una época en la que el arte en México era monopolizado por las figuras de Rivera, Siqueiros y Orozco , artistas consagrados y auspiciados por los gobiernos posrevolucionarios que apostaron por el muralismo en busca de una identidad nacional y no en manifestar una crítica a la situación social de la clase marginada, ya que su única intención fue la de forjar un discurso patriótico y propagandístico a través del arte.

La iconografía de los muralistas del periodo de 1900 solía plasmar a las mujeres con un carácter maternal y en conceptos como libertad y patria con un papel muy marcado en los roles de género. Sin en cambio, la mujer es el tema central en la pintura de María Izquierdo, al romper tanto en acciones protagónicas entonces concebidas como masculinas, como en retratos melancólicos que abundan en temas de naturaleza muerta, paisajes y esbozos del surrealismo.

La pintora también tuvo una época en 1932 donde pintó distintas series inspirada por las artes circenses en las que sobresalían las mujeres. Un año más tarde y tras terminar su relación con Tamayo, Izquierdo estudió con detenimiento el desnudo femenino, llevándolo a ocupar un lugar central de su obra acompañado de ambientes oscuros y contrastantes.
En una obra que trataría sobre el progreso del país, aparecía una mujer urbanista con lo que parece ser un plano, dejando entrever la importancia de las mujeres y sus nuevos roles en la construcción del México moderno. Poniendo a la mujer como una figura fundamental en la sociedad, y sobre todo, en un contexto erótico, sensual, con decisión y seguridad en sí misma. Capaz de explorar diversas vertientes del conocimiento y placer humano, sin pudor y represión social.

En 1947, María Izquierdo escribió un texto curatorial que bien puede resumir el espíritu de su obra: “Me esfuerzo para que mi pintura refleje al México auténtico que siento y amo; huyo de caer en temas anecdóticos, folklóricos y políticos porque dichos temas no tienen ni fuerza plástica, ni poética y pienso que en el mundo de la pintura, un cuadro es una ventana abierta a la imaginación humana”.

Desgraciadamente María Izquierdo murió pobre y enferma en la Ciudad de México en 1955, pero su nombre, ese que hemos oído recurrentemente sin conocer su verdadera fuerza y el poder de su talento, la precede como el que nombró a una joya del arte mexicano, y una de las mujeres artistas más valientes de la historia, una que abrió camino para muchas que abrían de venir tras de ella.

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