5 escritoras que publicaron con seudónimos masculinos | MÁS LITERATURA

Por: Andrea Castillo Pacheco

Desde hace años, la literatura fue considerada un oficio para hombres, excluyendo a las mujeres de las letras. Confinándolas a una vida privada cuyo fin era el matrimonio y la maternidad.

En el siglo XIX, las mujeres tenían que escribir en secreto, pues a la vista de todos, una mujer escritora era sinónimo de locura y altanería; mientras que para los hombres era significado de ingenio y virtuosismo. Por otro lado, los hombres que manejaron el ámbito editorial se encargaron de vetarles el acceso, pues no era bien visto socialmente que una mujer publicara sus obras, esto a causa de los prejuicios sexistas. Ellas, para evitar prejuicios de género y conseguir ser publicadas y leídas, a menudo se veían obligadas a ocultar sus verdaderas identidades bajo seudónimos masculinos.

Según un análisis llevado a cabo por la novelista Nicola Griffith, las mujeres tienen menos posibilidades de ganar premios literarios. Así mismo, se demostraba que la crítica literaria no trata por igual a hombres y mujeres. Si bien es cierto que las mujeres hemos ganado terreno en la libre expresión y en la publicación literaria, sin escondernos en una habitación para escribir como lo plasmó Virginia Wolf en su ensayo “Una habitación propia”, aún estamos muy lejos de erradicar por completo los prejuicios sexistas en el canon literario.

Por ello, aquí te presentamos a 5 escritoras que se vieron obligadas a publicar con un seudónimo masculino para que su literatura pudiera salir a la luz.

Charlotte Brontë (1816-1855)

Fue una novelista inglesa, hermana de las también escritoras Anne y Emily Brontë. Su mayor éxito literario fue Jane Eyre pero sería reconocida no sólo como una de las mejores novelistas británicas sino también como una de sus mejores voces poéticas. El seudónimo que utilizó para firmar sus obras fue Currer Bell. Manteniendo la inicial de su nombre auténtico. Usar un pseudónimo masculino fue un recurso que también tuvieron que utilizar las hermanas de Charlotte para destacar en el mundo literario con sus obras Cumbres borrascosas y Agnes Grey. Las hermanas Brontë eran una fuente inagotable de talento

Emily Brontë (1818-1848)

En 1842 viajó a Bélgica junto a su hermana Charlotte y allí aprendió francés y alemán, además de destacarse como una excelente pianista. Escribir poemas era otra de las pasiones de Emily, adoraba pasear por el campo, por lo que su obra poética está repleta de observaciones sobre la naturaleza y de reflexiones filosóficas. En 1846 publicó sus primeros poemas, junto a sus hermanas y bajo el seudónimo de Ellis Bell.

Un año más tarde Emily Brontë publicaría su única novela: Cumbres borrascosas. En la época de su publicación la obra fue bien acogida. Pasado el tiempo y debido a su complejidad y profundidad, la obra ha llegado a formar parte de la cima de la literatura universal, siendo uno de los clásicos más emblemáticos, incluso comparada por su maestría con la obra de Shakespeare. Todo un logro de “Ellis Bell”.

Matilde Cherner (1833-1880)

Fue una novelista española. Una intelectual republicana, de ideas progresistas, y marcadas convicciones políticas con una clara vocación ideológica. Comenzó a publicar en periódicos locales y no dudó en escribir sobre asuntos polémicos como la educación de la mujer, su acceso a la universidad, la prostitución o la monarquía. Con el pseudónimo de Rafael Luna, publicó las obras: Novelas que parecen dramas (1877), Las tres leyes (1878) Ocaso y aurora (1878). Ésta última escrita inicialmente como serial para la prensa, esta novela versa sobre la monarquía y el patriotismo, y muestra las consecuencias de los acontecimientos históricos en la vida privada de los personajes, especialmente en los femeninos.

Colaboró en la revista madrileña La Ilustración de la Mujer, donde se conservan tres poemas, un relato literario, un estudio sobre la música religiosa, y una serie de artículos sobre la situación femenina. También colaboró en La Ilustración Republicana Federal
Quizás su obra más polémica fue María Magdalena, en la que criticó la prostitución legalizada como ya hacía en sus artículos de la Ilustración. El tema es la prostitución vista a través de la vida de una joven abocada a ese mundo y narrada en forma de memorias.

Mary Anne Evans (1819-1880)

Fue una escritora británica. Se presentaba ante el mundo literario con el seudónimo de George Eliot. Mary Anne Evans resultó ser estudiosa, gran lectora y de una omnímoda curiosidad; declamaba fragmentos de Shakespeare, Milton y Walter Scott que leía en los libros de la biblioteca del castillo, y no le interesaba prepararse para un matrimonio como era usual entre las damas victorianas de su época. Con Mary Anne Evans se cerraba el trío canónico de las letras inglesas de la época, junto a Henry James y Joseph Conrad.

Fue una autora prolífica y publicó obras como Adam Bede, El hermano Jacob, El molino junto al Floss, El velo descubierto o Middlemarch.

La novela Silas Marner, si bien no es la más famosa de la autora, sí nos ofrece los temas y motivos que fueron más representativos en el universo literario de “G. Eliot”. Se trata de una novela completamente psicológica, llena de emoción y complejidad aun teniendo un argumento en esencia sencillo, pero que la autora utilizará para describirnos con gran maestría la sociedad rural inglesa del siglo XIX”. Un ejemplo de la más pura literatura clásica.


Mary Shelley (1797-1851)

Fue dramaturga, ensayista y biógrafa británica reconocida principalmente por ser la autora de la novela gótica Frankenstein o el Moderno Prometeo (1818),considerada la primera novela de ciencia ficción moderna y que logra inaugurar el género. Indudablemente, el nombre de Mary Shelley va indiscutiblemente ligado al de Frankenstein. Este relato significó el nacimiento de una de las criaturas más importantes del universo de terror y que aún hoy en día sigue siendo parte de nuestro imaginario colectivo.

El nacimiento de este personaje no es menos interesante. Era mayo de 1816 cuando Mary Shelley veraneaba en Villa Diodati, junto al lago Ginebra, en compañía del poeta Lord Byron, el joven médico John Polidori y su esposo el poeta Percy Shelley. Una noche decidieron hacer una competición de historias terroríficas y de la pluma de Mary Shelley salió la criatura hoy todos conocemos, Frankenstein.

El relato nacía de un sueño que la escritora había tenido la noche anterior y que decidió aprovechar para ganar el reto literario. Después lo publicó bajo autoría anónima. La sociedad de aquel entonces dio por hecho que un relato tan terrorífico no podía haber sido escrito por Mary, sino que tenía que ser la pluma de su esposo Percy Shelley la que se encontraba tras aquel relato horrendo.

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