El jazz: el género que marcó a la Generación Beat |MÁS LITERATURA

Por: Andrea Castillo Pacheco

“Cuando cambia el estilo de la música, se estremecen los muros de la ciudad”, afirmó Platón. Otros estremecimientos se dieron a partir de 1940, cuando los saxofones, las trompetas, los pianos y las baterías se combinaron para expresar lamentos, furias, y gozos que agitarían los cimientos de muchas ciudades. Esos estremecimientos se denominaron como jazz, género que los escritores de la Generación Beat optaron como su modo de vida.

Son muchísimos los literatos y las obras que reflejan la pasión que sienten hacia el jazz, pero son precisamente los escritores beat los que vivieron inmersos en el ambiente de este sonido basado en la improvisación que interpretaron como voces del alma y que fue, junto con la escritura, su método de experimentación y libertad.

Los beat encontraron en el jazz una identificaron desde la década de 1940. En su novela En el camino, Kerouac dice: “por ese tiempo, en 1947, el jazz iba como un loco que atravesaba los Estados Unidos. Los camaradas del sopladero jazz tocaban aunque estuvieran cansados. Porque el jazz se encontraba entre el tiempo de la ornitología con Chalie Parker y un nuevo periodo que empezaba con Miles Davis. Y yo me sentaba por ahí para escuchar el sonido de la noche”.

En aquella época, el jazz era un género casi exclusivo de los negros y, por lo tanto, repudiado e ignorado en las mentes racistas que predominaban en Estados Unidos. Eran los primeros años de la Segunda Guerra Mundial, la pérdida de valores, los prejuicios sociales y el hartazgo hacia el capitalismo lograron que surgiera una contracultura con un pensamiento avasallador, lo que desencadenó una liberación en el ámbito sexual, intelectual, y la experimentación con sustancias psicotrópicas. Movimientos contraculturales volvieron los ojos a las formas de lo salvaje, oponiéndose a las trampas del progreso que se predicaba en el “American Way of Life”. “El jazz, despreciado por la clase media acomodada de aquellos años, era considerada una música bárbara, razón suficiente para ser amada y vivida por los beats. Era la música que se tocaba en cantinas de los barrios bajos, territorio de un sinnúmero de desplazados que ningún beneficio esperaban de la sociedad del “Bienestar”. Se trataba de una música, además, no sólo interpretada por negros con características africanas” (Anaya, 1998:170)

A la par de los beat, hubo otra generación de desenfrenados y que tenían una actitud de rebeldía ante un sistema arrasador, los hipsters.

Al respecto, Norman Mailer dice: “es imposible encontrar la huella del hipster sin la sangre del jazz, música con la cual el negro le dio voz a su carácter y calidad a su existencia; así como a su ira y a las infinitas variantes del gozo, la lujuria, la postración, el gruñido, la mordedura, el clamor y la ansiedad del orgasmo. Porque el jazz es orgásmico […]”

Jhon Cellon Holmes dice: “el jazz moderno es, casi exclusivamente, la música de la generación beat; como la poesía es su literatura…Si los miembros de esta generación atienden el lamento de un saxofón del mismo modo que otros atendían las palabras o los gestos del sabio, se debe a que el jazz es la música de la libertad interior, de la improvisación, de la creación individual y no la de un simple grupo de intérpretes. El jazz es la música de la gente sumergida que siente la libertad; y esto es precisamente lo que sienten los jóvenes de ahora”

Los beat fueron aventureros, revoltosos, que siempre anduvieron en busca de acción y libertad en todas sus vertientes, algo que les producía el jazz y esto se plasma en su narrativa y su poesía, junto con la rebeldía hacia el orden establecido. Sin embargo, estos escritores habían sido criticados por los literatos académicos, pues no estaban de acuerdo en su forma de transgredir los parámetros establecidos por el canon literario. Pero los jazzistas beat siguieron con su forma de manifestación, un ejemplo evidente es Allen Ginsberg, quien desborda una exuberante energía que el jazz le provocó:

Yo vi a las mejores mentes de mi generación destruidas por locura sufriendo fríos hambres histéricas desnudas…hipsters con cabeza de ángel ardiendo por la antigua conexión paradisiaca con el dinamo estrellado en la maquinaria de la noche, quienes pobreza y andrajos y ojos cavernosos y elevados se sentaron fumando en la oscuridad sobrenatural de habitaciones de agua fría flotantes sobre la cúspide de las ciudades contemplando jazz.

No faltan la exaltación y la alabanza reflejados como una oda para este género:

¡Bendito sea el saxofón que gime! ¡Bendito el apocalipsis bop! ¡Benditas sean las bandas de jazz; los hipsters con su mariguana, los pacíficos y los drogados de los tambores!

Mientras que en su poemario México City blues Kerouak declara: “Quiero que se me considere un poeta jazzista/ que sopla un largo blues en un concierto/ durante la noche de un domingo”. Anaya sentencia que “los 242 poemas de este libro son llamados “coros” término empleado por los músicos de jazz para indicar determinadas improvisaciones. Este poema se distingue por maravillosos juegos de palabras y combinaciones sonoras que nos remiten al jazz”

Por otro lado, Gregory Corso manifestó a través de sus versos la admiración hacia uno de sus jazzistas predilectos, Miles Davis:

Tu sonido es cabal
Redondo y puro
Sacro
Al punto profundo.
Tu sonido es tuyo
Interior y sincero;
Es una confesión
Espiritual y amable

La poeta Diane Di Prima le declama al jazz de esta manera:

No, chavalo
Nunca nadaremos
Tú y yo al unísono;
Pero nuestro sonido
Sincopado será salvaje

Son innumerables los pasajes entre jazz y literatura que los escritores beat manifiestan. Es evidente que para esta generación el jazz fue su cómplice en su producción literaria y protagonista de su poesía y acompañante de su prosa. Existe una sentencia que enmarca la conexión entre la literatura beat y el jazz como una condición de comunión. Los beat nos recuerdan que la literatura y la música van de la mano dejando huella en los testimonios impresos, y sobre todo, que marcó el alma de una época, pues como dijo Kerouac: “el jazz se mató para impedirle el suicidio a la poesía”

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