“El Banquete”, de Platón: Resumen y análisis | MÁS LITERATURA

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Por: Ian Chávez Flores

Amor platónico, todos hemos escuchado esta expresión en algún momento de nuestras vidas. Y, no podemos negarlo, muchas veces la entendemos como un amor romantizado que es imposible o inalcanzable.

Sin embargo, el amor platónico no se refiere directamente a ese tipo sentimiento romantizado. De hecho, Platón, en su famoso diálogo El Banquete no define ni estipula una idea única de lo que es el amor, sino que presenta diversas historias en las que cada uno de los personajes realiza dos acciones muy específicas: intentar definir lo que es este complejo sentimiento y, por supuesto, alabar al dios Eros.

La historia del Banquete en términos literarios puede contarse de la siguiente manera: Apolodoro y Glaucón se dirigen a Atenas, pero el camino es muy largo y por curiosidad de Glaucón, Apolodoro le cuenta a su acompañante sobre la vez que Agatón ofreció un banquete a sus más estimados invitados, quienes eran: Sócrates, Fedro, Pausanias, Erixímaco, Aristófanes, Aristodemo y Alcibíades.

En dicha reunión comieron y bebieron moderadamente y, porque la ocasión lo ameritaba, decidieron hablar sobre el amor y elogiar al dios Eros.

Al final de la historia, y sí, alerta de spoiler, Alcibíades revela su gran amor por Sócrates y cómo éste lo despreciaba todo el tiempo.

A pesar de que este diálogo se puede analizar desde una manera totalmente literaria, en esta ocasión nos concentraremos en las reflexiones filosóficas sobre el concepto amor.

Como he mencionado anteriormente, en El Banquete no se presenta una definición única de este sentimiento, sino 8 diferentes discursos y alabanzas sobre este tema tan importante.

Analicemos cada discurso según el orden de aparición de los personajes:  

1. Fedro

Para Fedro, el amor es lo mejor que le pudo suceder al mundo y al ser humano, porque cuando apareció por primera vez la Tierra y el Inframundo, las cosas no tenían sentido y la naturaleza no contaba con un impulso creativo. Por tal motivo, el nacimiento de Eros es sumamente importante, porque entrega un sentido lógico a lo que existe en el mundo y le otorga un impulso vital a todas las cosas a través del amor.

Por eso, Fedro consideraba a Eros como uno de los dioses más antiguos y necesarios para la humanidad, pues otorgaba una especie de encantamiento divino a los hombres y a las mujeres para inspirarlos en un estilo de vida virtuoso y honroso.

De hecho, en este diálogo el personaje menciona que si existiera un ejército compuesto de amantes y amados, serían invencibles, debido a que el amante “preferiría morir mil veces antes que abandonar a la persona amada viéndola en peligro y sin ofrecerle ayuda”, porque como dice Fedro “no hay hombre tan cobarde a quien Eros no inspire el mayor valor y no le haga semejante a un héroe”.

Incluso este discurso es ejemplificado con el mito de Alcestis y Admeto.

Alcestis era la hija más hermosa de Pelias y, por tanto, tenía muchos pretendientes. Al ver esta situación, el padre de la joven dijo que le entregaría la mano de su hija a quien llegara en un carro tirado por leones y jabalíes.

Admeto logró el cometido con ayuda del dios Apolo. Sin embargo, esta acción tenía un costo, que era que Admeto entregara su vida a Apolo, o que alguien se ofreciera en su lugar.

En el momento que Admeto y Alcestis deciden iniciar su vida juntos, Apolo llega para cobrar su deuda.

La sorpresa radica en que Alcestis ofrece su vida por amor y salva a su pareja. Tiempo después, Heracles conoce a Admeto y al enterarse de tan tremenda historia, decide viajar al Hades y traer de vuelta a Alcestis.

Con este ejemplo, Fedro menciona que el amor convierte a cualquier persona en un ser valeroso que permite entregar su propia vida sin dudarlo, porque el amor puede logra cualquier cometido, incluso traer del inframundo al ser amado.

Aunque se escuche muy romántico, Fedro declarara en el Banquete que “el que ama tiene un no sé qué de más divino que el que es amado”.

Por eso este personaje considera que “Eros es el dios más antiguo, el más augusto, y el más capaz de hacer al hombre feliz y virtuoso durante su vida y después de la muerte”.

2. Pausanias

El segundo personaje en alabar a Eros dentro del discurso El banquete, es Pausanias. Él complementa lo que mencionó Fedro al decir que el amor tiene dos caras distintas, que son el amor celeste y el amor popular.

En cuanto al amor popular, Pausanias refiere que las personas se guían por el placer, buscando satisfacer los deseos más bajos en un cuerpo hermoso sin considerar el alma.

Por tanto, los amantes populares no se preocupan por ser virtuosos, sabios, bellos ni honestos. Lo que les interesa es entregar un placer carnal que, con el tiempo, desaparecerá.

Por otra parte, en cuanto al amor celeste, Pausanias  lo define como algo bello que se encuentra dentro de las reglas de la honestidad. Es decir, los amantes celestes no ocultan nada, hablan con la verdad, el corazón y buscan más allá del cuerpo, porque saben que la piel envejece y lo que prevalece es la compañía, la ayuda y el compromiso con el otro.

De igual manera, Pausanias indica que este tipo de amor se encuentra ligado con la sabiduría, debido a que los amantes se conocen mutuamente, se respetan y crean acuerdos de equidad que prevalecen con el tiempo.

En sí, este personaje declara que el amor celeste se separa radicalmente del amor popular, porque el amor celeste se fundamenta con la verdad, la honestidad, la equidad y la sabiduría, y no puede unirse con lo deshonesto.

3. Erixímaco

Aunque Pausanias declaró que los amantes celestes no debían gastar su tiempo con los amantes populares. Erixímaco, un respetado médico de la Antigua Grecia, opinaba lo contrario en El Banquete, de Platón.

Él creía que los elementos opuestos podían atraerse para generar un amor recíproco. Por ejemplo, en el área de la medicina, Erixímaco creía que las partes del cuerpo enfermas necesitaban ayuda de las partes del cuerpo saludables para lograr el bienestar de las personas.

Es decir, el amor es una ayuda mutua entre partes desiguales para llegar a un acuerdo armónico en la vida.

Sin embargo, el poder del amor no sólo existe en la humanidad, sino en el todo y este todo está formado por acuerdos entre partes desemejantes. Así, dice Erixímaco, se crean las estaciones del año, la naturaleza, la astronomía, la música y el universo entero.

Aunque los acuerdos armónicos no son sencillos, existe una máxima que es “complacer a los hombres moderados y a los que están en camino de serlo, y fomentar su amor, el amor legítimo y celeste, el de la musa Urania. Pero respecto al de Polimnia, que es el amor vulgar, no se le debe favorecer sino con gran reserva y de modo que el placer que procure no puede conducir nunca al desorden”.

De esta manera, Erixímaco declara que en el amor existe un equilibrio entre partes desiguales, que está guiado hacia el bien, la justicia, la felicidad y un respeto benevolente de los antiguos dioses griegos.

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4. Aristófanes

Dentro del discurso “El Banquete”, el personaje Aristófanes comparte un mito sobre la creación de los humanos y cómo a cada persona se les separó de su media naranja, pues en un principio, según Aristófanes, existían tres clases de personas: los dos sexos que hoy existen, y un tercero, que está compuesto por estos dos y que llevaba por nombre andrógino.

Los andróginos, en la antigua mitología griega, eran seres unidos que tenían formas redondas, tenían cuatro brazos, cuatro piernas, dos órganos reproductores sexuales y poseían una fuerza inmensa.

Los andróginos eran los seres humanos completos y repletos de amor porque tenían a su otra mitad a un lado.  

Sin embargo, un día decidieron intentar llegar al Olimpo y luchar contra los dioses. Esta acción fue mal vista por las divinidades y, en consecuencia, Zeus decidió separar a los humanos para hacerlos más débiles.

Por este motivo, dice Aristófanes, los humanos vagan incompletos, débiles, buscando a su otra mitad para complementar su naturaleza primitiva.

5. Agatón

Agatón, uno de los poetas más importantes de Atenas, no creía que Eros era el dios más antiguo, como lo había indicado Fedro anteriormente, sino que consideraba a este dios como el más joven, bello y virtuoso que existía en el Monte Olimpo.

Según Agatón, Eros escapaba de la lógica y la experiencia que la edad adulta entregaba a los humanos. Por tanto, sus acciones siempre iban dirigidas hacia los jóvenes, porque eran los que se entregaban sin remordimiento y excusas al otro.

El objetivo de Eros era permitir que los humanos y los dioses siempre se preocuparan por el bienestar de sus parejas, ofreciendo paz, serenidad y templanza.

De esta manera, la comunicación humana iba más allá del entendimiento común y se generaba un mundo lleno de color, movimiento y reciprocidad.

Para Agatón, Eros no podía ser culpado del sufrimiento causado por el desamor, porque los humanos y los dioses se sometían a este sentimiento por voluntad propia, sin violencia y sin ningún acto que dañara al amado.

Incluso el poeta ateniense mencionaba que Eros era el dios más virtuoso de todos, debido a que entregaba paz a la humanidad, generaba lazos de amistad en la sociedad, excitaba la benevolencia e impedía el odio y la destrucción entre los hombres y las mujeres.

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6 y 7 Sócrates y Diotima

En la mayoría de los Diálogos, Platón retrata al personaje Sócrates como un ser sumamente reflexivo que duda sobre todas las verdades que se creen inamovibles y, en “El Banquete” esta situación no se queda atrás, pues Sócrates comienza a cuestionar a Agatón sobre su concepción del amor.

En este sentido, Sócrates menciona que el amor es algo que no se obtiene, sino que se carece y esto, en consecuencia, genera una constante búsqueda de dicho sentimiento. Por tal motivo, para el filósofo griego, los humanos necesitan primero desear lo que se ama, para después amar lo que se desea.

Sin embargo, llegar amar lo que se desea ocasiona angustia, porque se sabe que en algún momento se perderá lo que se ama. Por tal motivo, para intentar conservar este sentimiento, es necesario trabajar cotidianamente para mantener el amor en tiempo presente y futuro.

Con esta reflexión, Sócrates complementa su lección sobre el amor con una anécdota en la que incluye a Diotima, una mujer sabia proveniente de Mantinea.

Ella le aclaró muchas dudas a Sócrates sobre el tema abordado, principalmente sobre la concepción del dios Eros. Para Diotima, según relata Sócrates, el amor no es bueno ni malo, sino que es un sentimiento que “ocupa un término medio entre estas cosas contrarias”.

Por tanto, Eros no puede considerarse un dios, sino un demonio, pues es el intérprete y mediador entre los dioses y los hombres, llevando “al cielo las súplicas y los sacrificios de estos últimos”. Además, comunica a la humanidad los mandatos divinos y exige cumplir las órdenes y sacrificios dirigidos a los dioses.  

Diotima dice que Eros realiza tales actividades, porque la naturaleza divina nunca está en comunicación directa con los humanos y, por tanto, esta labor la realizan los demonios.

Por otra parte, dentro de este discurso, Sócrates y Diotima reflexionan sobre el nacimiento de Eros. La sabia de Mantinea explica el mito de Poros y Penia de la siguiente manera:

Cuando nació Afrodita, los dioses celebraron con un festín. Poros, dios de la abundancia, asistió a este evento. Sin embargo, no lo disfrutó demasiado porque se embriagó y se quedó dormido en el jardín de Zeus. Mientras Poros disfrutaba de su siesta, Penia, diosa de la pobreza, mendigaba algunos desperdicios. Cuando llegó al jardín de Zeus, ella se dio cuenta de que Poros se encontraba dormido. Y para no molestarlo, decidió acostarse con él y tener un hijo, al que conocemos como el dios Eros.

Con este mito, Diotima le explica a Sócrates, que la naturaleza de Eros es ambigua. Por una parte, Eros puede tener todo lo que desea, porque su padre es el dios de la abundancia. Sin embargo, al nacer de la diosa de la pobreza, Eros puede perder y carecer de todo lo que obtiene. En este sentido, Eros siempre se encuentra en un término medio, en el que la obtención del amor también es una constante pérdida.

No obstante, la característica efímera de este sentimiento, no puede considerarse como una pérdida total, sino como una constante renovación de lo que se ama. Por tanto, para Diotima, el amor es la “naturaleza mortal a la que se aspira a perpetuarse y hacerse inmortal, en cuanto es posible”.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, el amor puede considerarse como una constante búsqueda de lo deseado, con el objetivo de intentar conservarlo para la posteridad, aun sabiendo que la pérdida de este sentimiento es una posibilidad a la que se arriesgan todas las personas.

8. Alcibíades

Curiosamente, el último discurso que se encuentra en El Banquete, no está dirigido a Eros, sino a Sócrates.

Esto se debe a que Alcibíades llega de imprevisto a la reunión y pide participar en la charla. Sin embargo, por su estado de ebriedad, decide hablar sobre el gran amor que tenía por Sócrates.

En su discurso, Alcibíades menciona que el amor no se encuentra en la admiración de la belleza física ni en la provocación sexual, pues él, siendo uno de los hombres más hermosos de la Antigua Grecia, intentó provocar a Sócrates en diversas ocasiones, pero su resultado fue nulo y contraproducente, porque Alcibíades se enamoró profundamente de Sócrates.

En consecuencia, Alcibíades se sentía emocionalmente despreciado y sometido por un hombre que no le hacía caso en ningún momento.

Sin embargo, este desprecio hacía que Alcibíades se enamorara más de Sócrates, porque sólo veía sus virtudes.

En sí, la enseñanza de este discurso es compleja, debido a que Alcibíades define al amor como una melodía engañosa que atrapa a los amantes hasta convertirlos en algo más que esclavos sentimentales y cuyo objetivo en la vida es incierto.

Por tanto, Alcibíades compara a Sócrates con un sátiro, pues  estos seres eran horrendos, pero sabían encantar a cualquier persona con sus hermosas melodías.

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