¿Qué es el hombre en la naturaleza? Por Blaise Pascal | MÁS LITERATURA

¿Qué es el hombre en la naturaleza? Una nada respecto a lo infinito, un todo respecto a la nada, un término medio entre la nada y el todo. Está infinitamente alejado de los dos extremos, y su ser no está menos distante de la nada de la que ha sido sacado del infinito en el que se pierde. Su inteligencia tiene, en el orden de las cosas inteligibles, el mismo rasgo que su cuerpo en la extensión de la naturaleza, y todo lo que puede hacer es percibir cierta apariencia del punto medio de las cosas, en una eterna desesperación de conocer el principio o el fin. Todas las cosas han salido de la nada y son llevadas hasta el infinito. ¿Quién puede seguir esas asombrosas trayectorias? El autor de esas maravillas las comprende; ningún otro puede hacerlo.

Este estado, que mantiene el centro entre los extremos se encuentra en todas nuestras potencias.

Nuestros sentidos no perciben nada externo. Demasiado ruido nos ensordece, demasiada luz nos deslumbra, demasiada distancia y demasiada proximidad impiden la vista, demasiada longitud y demasiada brevedad oscurecen un discurso, demasiado placer incomoda, demasiadas consonancias disgustan. No sentimos ni el extremo calor ni el extremo frío. Las cualidades excesivas son nuestras enemigas, y no sensibles. No las sentimos, las padecemos: demasiada juventud y demasiada vejez impiden el ingenio; demasiada y demasiado poca comida trastornan sus actividades; demasiada y demasiado poca instrucción le embrutecen. Las cosas extremas son para nosotros como si no fuesen y nosotros no somos respecto a ellas; se nos escapan o nosotros a ellas.

Tal es nuestro verdadero estado; lo que encierra nuestros conocimientos en ciertos límites que no pasamos, incapaces de saberlo todo y de ignorarlo todo en absoluto. Estamos en un vasto término medio, siempre inciertos, y flotando entre la ignorancia y el conocimiento; y si pensamos ir más adelante, nuestro objeto se revuelve y escapa a nuestro poder; se harta y huye con una huida eterna; nada puede detenerlo. Esta es nuestra condición natural, y empero la más contraria a nuestra inclinación. Ardemos en deseo de profundizarlo todo y de edificar una torre que se eleve hasta el infinito; pero nuestro edificio se cuartea y la tierra se abre hasta los abismos.

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