Voltaire: “El amor propio es el instrumento de nuestra conservación” | MÁS LITERATURA

Para Fernando Savater, Voltaire es más un escritor de literatura, que un filósofo. Esto se debe a que su ocurrente uso de metáforas y su excelente estilo satírico, crean un ambiente de empatía con el lector y, por tanto, sus obras son más sencillas y disfrutables al momento de leer.

El diccionario filosófico es uno de sus más grandes ejemplos del porqué es más un escritor de literatura. En dicho texto, Voltaire se salió de los formatos académicos que solicitaban los filósofos de la Ilustración, esto lo hizo con el propósito de demostrar que la filosofía no sólo encontraba en los documentos académicos que se basaban en la razón, sino también en otras áreas mythológicas, como la literatura.

En esta obra se encuentra una cantidad inmensa de definiciones sobre tópicos que no se hallan en los diccionarios convencionales. Asimismo, su redacción no es particularmente científica, sino más prosaica y poética.

Por tal motivo, compartimos la definición de Amor propio, donde Voltaire nos cuenta historias distintas, con el objetivo de demostrar que este sentimiento es una base importante para la conservación de nuestra especie.

Un pordiosero que se situaba en los alrededores de Madrid pedía limosna con altivez. Un transeúnte le preguntó: «¿No os da vergüenza ser un vago, pudiendo, como podéis, trabajar?». «Señor, le respondió el mendigo, os pido dinero y no consejos»; y dicho esto, le volvió la espalda, conservando toda la dignidad castellana. Era un mendigo más orgulloso que el señor, cuya vanidad se ofendió sin motivo. Pedía limosna por amor a sí mismo, y no consentía que le reprimiera otro amor propio.

Un misionero que viajaba por la India se encontró con un faquir que estaba cargado de cadenas, desnudo como un mono, acostado boca abajo, recibiendo latigazos por los pecados que cometieron sus compatriotas los hindúes, y a cambio de éstos le daban algunos ochavos. «¡Qué manera de renunciar a su amor propio!»; exclamó uno de los espectadores. «No renuncio a mi amor propio -replicó el faquir-; sabed que si me dejo azotar en este mundo es para devolveros los azotes en el otro, cuando vosotros seáis caballos y yo jinete.»

Los que creen que el amor propio es la base de los sentimientos y de las acciones de los hombres, tienen razón en España, en la India y en todo el mundo habitable. Y así como nadie escribe para probar que tiene rostro, tampoco se necesita escribir para probar que se tiene amor propio. Este amor propio es el instrumento de nuestra conservación; se parece al instrumento de la conservación de la especie: nos es necesario, nos es querido, nos agrada, pero hay que disimularlo.

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