Alegoría de la caverna de Platón: análisis e interpretación | MÁS LITERATURA

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Por: Andrea Castillo Pacheco

En el séptimo libro de La República, Platón presenta la alegoría de la caverna, o también conocido como el mito de la caverna. En este breve texto se expone la situación en que se encuentra el ser humano respecto al conocimiento y su interpretación. Por tanto, el filósofo griego ofrece una explicación sobre cómo podemos captar la existencia de dos mundos completamente distintos: el primero es el mundo sensible (que es conocido a través de los sentidos), y el segundo es el mundo inteligible (que es la materia de puro conocimiento, sin intervención de los sentidos).

En esta alegoría, Platón describe el escenario de una caverna en la que habitan un grupo de personas que han sido prisioneras desde su nacimiento, por lo que han permanecido encadenadas por el cuello y las piernas y, a causa de esto, sólo pueden mirar las sombras que se proyectan en la pared del fondo, sin poder girar la cabeza.

Detrás de ellos se encuentra un muro con un pasillo, una hoguera y, posteriormente, la entrada de la cueva que da al exterior.

Por el pasillo del muro circulan hombres portando todo tipo de objetos cuyas sombras, gracias a la iluminación de la hoguera, se proyectan en la pared que los prisioneros pueden ver.

Los prisioneros consideran como verdad, y única realidad, el mundo que les es mostrado a través de las sombras de los objetos. Y, debido a las circunstancias de su prisión, las personas se hallan condenadas a tomar únicamente por ciertas todas las sombras, pues no pueden observar la realidad que existe fuera de la caverna.

Sin embargo, esta situación no perdura en uno de los prisioneros, pues en la narración se cuenta lo que ocurriría si esta persona fuese liberada y obligada a salir de la cueva, observando a los hombres que están detrás del muro, la hoguera y, por último, la luz y todo lo que rodea a las afueras de dicho sitio.

La alegoría termina al hacer entrar al prisionero nuevamente al fondo de la caverna para intentar “liberar” a sus antiguos compañeros de las cadenas. No obstante, los otros prisioneros se ríen de él, porque ellos afirman que los ojos de su compañero se han estropeado por haber pasado de la claridad del sol hacia la oscuridad de la caverna. Sin embargo, el prisionero no se ha cegado, sino se ha liberado de sus creencias pasadas, pues al ver toda esa luz, su realidad cambió.

Con esta alegoría, Platón representa dos realidades: la primera se muestra a través del fuego y hace plasmar las sombras que son el reflejo de una realidad tangible, y a los hombres que las producen en el mundo que percibimos por los sentidos o mundo sensible. Mientras que el segundo mundo es mostrado gracias a la luz del sol, que todo lo ilumina y permite ver. Esta luz cambia las cosas y, en consecuencia, una nueva realidad aparece.

Para Platón, cada tipo de realidad corresponde a un tipo de conocimiento. Así, para conocer el mundo sensible disponemos de la opinión. Por otra parte, para conocer el mundo inteligible contamos con la ciencia que nos proporciona un conocimiento cierto de la realidad. De este modo, el conocimiento adquirido por la contemplación de las sombras se identificaría con la fiabilidad del conocimiento que proporciona la imaginación, cuestión que es similar a tomar con una certeza más allá de lo deseable las imágenes reflejadas en espejos, o las imágenes pintadas o esculpidas, o incluso a la misma alegoría de la caverna. La visión de los hombres que caminan por la cueva mostrando objetos y la hoguera misma representan la creencia de lo que solamente quieren que se conozca. Por otra parte, la contemplación del mundo exterior a la cueva representa al pensamiento, el paso al conocimiento del mundo inteligible en el que se encuentra un conocimiento cierto, acorde con la realidad, ya que todas las cosas sensibles, es decir, las sombras, son imágenes de sus propias esencias, una copia de la realidad. Y, por fin, el conocimiento adquirido con la contemplación del sol representa el conocimiento que se obtiene con la contemplación de la idea o la razón.

Entonces, ¿dónde está la verdadera realidad? Es cierto que lo que hace a algo real es la verdad, pero la verdad es subjetiva y varía de consciencia en consciencia. Por tal motivo surge una pregunta: qué se puede tomar como real: ¿los objetos iluminados por la luz del sol o las sombras que representan los objetos? ¿Cómo podemos interpretar la luz del fuego que refleja las sombras y la luz del sol que refleja la realidad? ¿Cuál es nuestra realidad? El mito de la caverna es uno de los apartados de la Republica con mayores interpretaciones, en las que surgen diversas connotaciones con base en su simbolismo que muestra una obra de extraordinaria belleza filosófica por las imágenes propuestas, pero con poca precisión conceptual en muchas de sus partes, lo que deja abierta una gran reflexión y ambigüedad para el lector.

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